No lo llames sobras, llámalo comida

Tenía pensado escribir esto desde hace semanas, pero la II Conferencia Internacional sobre Nutrición celebrada hace apenas unos días, el 20 de noviembre de 2014, ha dado una nueva perspectiva a lo que quería contaros. Es fantástico que líderes del mundo se reúnan para hablar sobre el hambre en el mundo, pero mientras tanto hay muchas cosas que nosotros podemos hacer desde casa, y por las que podemos empezar ya mismo.

Seguro que alguna vez has oído que el lenguaje tiene mucho más poder del que nos imaginamos. Las palabras con las que nos expresamos son tan importantes que pueden modificar nuestro estado de ánimo, nuestra percepción de las cosas e, incluso, hacernos daño. Esto aplica a nuestro desarrollo como personas, pero también es relevante en otros ámbitos: por ejemplo, cuando hablamos de la comida.

Seguro que cuando eras pequeño tu madre te decía que no dijeras «que asco» a ninguna comida. «Eso no se dice», primero porque por la comida hay que dar gracias, y también porque hacerlo te predisponía de forma negativa hacia un alimento que, a lo mejor, y siendo pequeño, quizá ni siquiera habías probado.

Lo mismo pasa cuando utilizas la palabra «sobras» para referirte a la comida que has hecho de más, a lo que no te has comido, o a lo que queda para mañana en la cazuela.

La comida que sobra

El Diccionario de la RAE define sobras como los restos que quedan de la comida tras levantar la mesa. En sí misma es una definición inofensiva porque decir que algo sobra, o que quedan restos, no es más que decir una verdad. Lo que pasa es que con los años estas palabras se han ido degradando hasta convertirse en despectivas. Y yo creo que esto no es justo ni es responsable.

En algunas casas existe (o existía) la costumbre de tirar, por sistema, la comida sobrante a la basura. Hace años esto sólo chirriaba a unos pocos que pensaban que en el mundo había mucha gente que se moría de hambre; cuando decíamos mundo, además, nos referíamos a ese «tercer mundo» al que todos ponemos el mismo color de piel. Como ahora cada vez hay más personas cercanas que pasan necesidad ya nos extraña más verlo y hacerlo, de lo cual yo me alegro.

Es hora de devolver la dignidad a la comida que sobra. ¡Nunca la perdió, lo que pasa es que no supimos dársela!

La comida que sobra sigue siendo alimento y es tan buena como cualquier otra. Bien conservada (en la nevera o el congelador) no se estropea, y aunque comer algo que está recién hecho es una maravilla y a todos nos gusta, no se va a hundir el mundo si un día repites comida o si algo está hecho del día anterior.

Tirar comida es insostenible

A veces hay que decir las cosas como son. Podría haber dicho que no tirar comida es sostenible, haberlo hecho en positivo en lugar de negativo, pero no puedo suavizar algo que me parece intolerable: desperdiciar comida, tirarla a la basura, es absolutamente insostenible.

  • La comida es un regalo, algo por lo que dar gracias, y sólo debemos tirarla si está en mal estado y puede causarnos un problema de salud.
  • La comida es un recurso del Planeta. A mi entender es igual que el agua, el aire o la madera; por eso, si reciclamos papel y vidrio, o si vamos por la casa apagando luces, ¿cómo vamos a tirar comida?
  • Tirar comida siempre es una ofensa a quienes no tienen que comer. Tienen nombres, apellidos, tienen cara, y familia y seres queridos. Antes ofendíamos a los hambrientos que estaban lejos, y ahora también ofendemos a los necesitados que están cerca.
  • Que en nuestros supermercados haya abundancia de todo no quiere decir que todos puedan acceder al alimento que necesitan, ni en nuestro país ni en otros lugares del mundo. Está demostrado que hay alimentos suficientes para todos, pero que no todos pueden comer (en 1992 Juan Pablo II ya dijo esto en la I Conferencia Internacional sobre Nutrición).

¿Por dónde empiezo?

A veces nos preguntamos qué podemos hacer, si nosotros no tenemos la culpa de las cosas que pasan, si no podemos hacer nada para cambiar este enorme mundo, ni el comportamiento de grupos de personas ni de multinacionales, ni para repartir comida a quien la necesita.

¡No te engañes, hay muchas cosas que puedes hacer desde lo pequeño!

Tú sabes tan bien como yo que muchos pocos hacen un mucho. Y con esto no vas a arreglar el planeta, pero vas  a hacer bien a tu alrededor, y por ahí se empieza.

Como sé que tú quieres llevar una vida sostenible puedes empezar por aquí:

  • Intenta calcular lo que cocinas para que sobre lo menos posible. Si eres de los que prefiere no comer algo del día anterior esto te vendrá muy bien para no tener que hacerlo.
  • Guarda lo que sobre de forma apropiada, para que se conserve bien y al día siguiente puedas comerlo sin problemas y sin desperdiciar nada.
  • Ten en cuenta que las neveras modernas conservan los alimentos perfectamente durante más tiempo (y esto aplica también para alimentos frescos).
  • Congela raciones que te serán muy útiles cuando no tengas tiempo para cocinar.
  • Y por último, pero no menos importante, deja de llamar «sobras» a esa comida que queda, sobre todo si lo haces como si esa comida no fuese tan buena como cualquier otra. Te ayudará, seguro.

Cuéntame:

¿Cómo es tu relación con esa comida que sobra?

¿Cómo te apañas en casa para no desperdiciarla?

Si tienes algún truco o sugerencia, o alguna forma original de aprovecharla, estoy deseando conocerlo.

56 comentarios

  1. Me enseñaron desde pequeñita a que la comida no se tira. Así que normalmente procuro hacer la comida a lo justo. Se me suele ir la mano con la pasta, eso sí. No le cojo la medida. Pero cuando me paso, la guardo muy bien en un tape y ya tengo un platito para otro día. Que no, que la comida no se tira.
    Besotes!!!

    1. ¡Gracias, Margari! La pasara es complicada de medir pero aguanta bien para el día siguiente (y mucho mejor si está separada de la salsa). Un beso,

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