Cuarto Domingo de Adviento – El vestido no me preocupa

Imagen: Freepik
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No queda nada para Nochebuena y Navidad y puede parecer absurdo hablar ahora de trapitos. No quiero que parezca que doy más importancia a este tema por dejarlo para la entrada más cercana a la Navidad, sino todo lo contrario: creo que merece poca atención y, por ello, no requiere antelación en los preparativos ni nada que se le parezca.

Si lo he incluido en mi serie de entradas ha sido porque conozco a mucha gente que invierte bastante dinero en ropa para estas ocasiones y me apetecía decir que no es que eso no sea lo más importante, sino que carece de importancia alguna.

Una cosa es que nos arreglemos más que de costumbre, que nos pongamos la mejor camisa o los zapatos de vestir porque, sin duda, la ocasión lo merece, y otra cosa es que hagamos del ¿qué me pongo? la razón de nuestra existencia y de nuestros paseos por la ciudad. Conviene no perder el norte.

Antes de seguir quiero dejar claro que escribo esto para familias normales, para gente como yo. No para nadie que asista a cenas de gala o formales, que las habrá, o a cotillones de Reyes de lo más selecto. Tampoco creo que esas personas me leyeran a mí, precisamente, pero por si acaso quiero aclarar esto, no vaya a ser que alguien se salte el protocolo debido a mi gran poder de convicción (guiño, guiño).

Y ahora vamos al meollo de la cuestión.

  • ¿Realmente necesitas cosas nuevas? Es muy posible que no. Busca en el armario, seguro que tienes blusas que llevaste hace un par de años, vestidos que te han visto en una sola ocasión o conjuntos que reservas para días más especiales. Nadie se acuerda de lo que llevaste hace años, y si lo ven en las fotos ¿a quién le importa? ¿No es mejor sentirse parte del grupo de consumidores responsables? A menos que vayas a una fiesta de disfraces temática, seguro que tienes cosas que ponerte.
  • Nochevieja suele ser la noche que más gastamos, aunque ahora también se ha puesto de moda salir en Nochebuena o en Reyes. Entre el atuendo que compramos para no repetir y la entrada de la fiesta llegamos a la centena de euros (no he dicho «las centenas» por no ir de exagerada, pero seguro que también pasa). Piensa si podrías moderar el gasto en estas fiestas.
  • Los accesorios también son caros. Los bolsos, los collares, los zapatos… todo suma. Reutiliza los que ya tienes, pide prestado a tus hermanas, a tu madre… Si eres muy cuidadosa incluso puedes pedírselos a alguien un poco más lejano. Esos complementos suponen un desembolso grande y se usan en muy pocas ocasiones, es mejor amortizarlos bien y utilizarlos todo lo que se pueda.
  • Y si no vas a salir, mejor que mejor. Un atuendo sencillo con algo especial que denote que no es un día cualquiera es la mejor opción. Tampoco hay que ir disfrazados, hay que vivir la fiesta y disfrutar de la familia. Y si tienes primos pequeños y llevas medias no vas a poder hacerlo por que no podrás tirarte por el suelo a jugar con ellos; y si vas al pueblo y te pones tacones acabarás con dolor de pies y mirando histérica por donde pisas. Merece la pena pensar a dónde vas, ir decente, arreglada o arreglado y no darle muchas más vueltas.

Pero esta es sólo mi opinión y por eso la cuelgo aquí, que para eso es mi blog.

Si lo he hecho ha sido porque pienso que hay que dar un nuevo rumbo a la fiebre consumista que nos envuelve desde que se encienden las luces de Navidad de las ciudades. Hay que darse un respiro, hacer las cosas más sencillas, pensar más en los demás y ver que esa es la esencia de la Navidad. Ni más ni menos. Y todo lo demás es una excusa para reunirnos y decirnos que nos queremos: la comida, los regalos, los belenes…

¡¡Ya queda poco!!

Os dejo, que seguro que, aunque todo sea más sencillo este año, tendréis muchas cosas que preparar.

8 comentarios

  1. Me preocupaba más en mi adolescencia, en la plena edad del pavo… Aunque tampoco se me iba la olla comprándome cosas caras. Además, tengo la ventaja de que mi madre sabe coser, así que abusaba de ella para hacerme mis trajecitos de noche. Ahora ya no me preocupa nada. Voy a mi armario a ver qué traje me pongo para esa noche. Y si hay que repetir, pues se repite. Que no pasa nada…
    Besotes!!!

    1. Es cierto que durante la adolescencia se da mucho, supongo que por compararnos con las demás. ¡Menos mal que hemos crecido! (aunque sea solo un poco).
      ¡Felices fiestas, Margari!

  2. Yo ya no me preocupo por lo que tengo que ponerme, y que bien sienta… sin estrés, sin preocupaciones… Hay cosas mucho más importantes en esta vida!! 🙂 No se si será la edad o que, pero prefiero ir cómoda y no pasar frio, a ir super monísima… Lo importante es pasarlo bien con las personas queridas <3
    Estas fiestas voy a reciclar todo lo que tengo, no me he comprado ni una sola cosa nueva. Y el vestido de fin de año es el mismo desde hace 3 años!! jeje Me lo pongo una vez al año y cada año me parece precioso!
    Felices fiestas guapa!!!!

    1. ¡Yo también soy de las que prefiere ir cómoda! Sin duda… Y también lo veo como una ventaja. Además de ponerme cosas con las que sé que acierto seguro, porque ya me las he puesto, me siento mucho más relajada. ¡Doble ventaja!
      Un abrazo y felices fiestas a ti también 😀

  3. Al igual que la chica del primer comentario, las primeras veces que salía en Nochevieja solía estrenar vestido, de hecho un año me compré uno que solo me puse ese día. Es algo que ahora mismo no concibo, saco algo del armario y con lo que más cómoda y calentita vaya me conformo.

    No se si será el paso del tiempo, que la edad del pavo pasó pero no me imagino volver a hacer eso. Incluso los vestidos de boda los compro con la intención de ponérmelos en más ocasiones y no solo en un día.

    Un beso!

    1. Muchas gracias, Isabel. Yo también tengo algún vestido que otro de esos de «una puesta». Una pena… lo bueno es que ahora tengo armario para rato y no compro ni uno.
      Un abrazo 😀

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