El lujo, ¿es sostenible?

El lujo, ¿es sostenible?
El lujo, ¿es sostenible?
Imagen: Brooke Cagle

Algunos de nosotros nos hemos empeñado en que la vida que vivimos sea lo más sostenible posible. Somos gente de todas las clases y de todos los tipos posibles. Por supuesto también hay una porción de gente que vive en entornos de cierto lujo y han querido hacerlos verdes y sostenibles. ¿Es eso posible?

Soy una gran admiradora del actor Colin Firth. De las grandes, de las que están encantadas de verle en cualquier papel. Por eso cuando supe que su mujer, Livia, tenía en marcha una iniciativa para hacer del lujo de Hollywood algo sostenible no pude dejar de echar un vistazo. Y entonces me surgió la pregunta: esto del lujo, ¿puede ser sostenible?

Livia Firth parece una mujer con los pies en la tierra. Digo que parece una mujer así porque por desgracia no la conozco; esta es la impresión que me dio cuando leí su página de presentación en su web.

Parece como si hubiera querido dar la vuelta a todos los excesos de ese mundo del cine y del glamour que nos gustan porque los vemos en las revistas. Porque al final todos esos excesos repercuten en el medio ambiente.

Los retos de Livia Firth

Ella da conocer su trabajo a través de Eco Age, una agencia de consultoría para que las empresas que lo deseen emprendan un camino de producción sostenible y respetuosa con el medio ambiente y las personas. En sus propias palabras su trabajo consiste en aunar ética y estética.

Su hazaña más famosa fue la creación del Green Carpet Challenge (reto de la alfombra verde, en vez de roja) en el que las estrellas que acuden a galas, eventos, promociones o entregas de premios lucen diseños de moda sostenibles.

Podría parecer una locura si no fuera por que hay actrices y modelos que la secundan: he aquí mi también admirada Emma Watson, que a su vez es embajadora de la Sociedad de Naciones Unidas en su lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en el mundo, y que se viste «de verde» en cuanto tiene ocasión porque, hasta donde sé y hasta donde se deja ver, tiene conciencia (moral y medioambiental).

Otro reto al que se une Livia Firth con mucha asiduidad es el 30 Wears Challenge (lo que podríamos traducir como el «reto de las 30 puestas»): usar un vestido 30 veces o más en apariciones públicas. Esto es especialmente interesante para mi porque creo que tiene un papel muy educativo para todas nosotras. Permíteme que hable en femenino por esta vez.

Cuando eres adolescente, ver que tu estrella o modelo favorita, esa a la que admiras cuando aún no sabes que quizá no deberías hacerlo, viste varias veces el mismo modelito y no le da reparo, hace que te plantees las cosas de otra manera. A lo mejor esa chica aprende que no es importante tener una camiseta nueva cada fin de semana para salir con los amigos, o que se puede repetir traje en las bodas. A eso me refiero con interesante.

El dilema. ¿Es o no es sostenible?

En esencia todas estas acciones me parecen estupendas.

Que un grupo de hombres y mujeres con influencia (lo queramos o no) decida vestir sostenible en eventos multitudinarios, o que apuesten por las mismas prendas una y otra vez, me gusta. Me gusta si hablo de una forma aséptica, claro está. Si hablo metiéndome un poco más en harina quizá no me convenza tanto.

La cuestión es que para seguir el Green Carpet Challenge las actrices y modelos siguen llevando diseños que cuestan a veces mucho más dinero que los convencionales, porque los materiales son mucho más exclusivos. Otras veces se trata de diseños con materiales que no están al alcance de todos, como aquel de botellas recicladas que lució Emma Watson recientemente.

Desde mi punto de vista esto no deja de ser lujo. Sostenible, certificado y garantizado, con materias primas extraídas de los mejores rincones de la tierra y cosido y producido de forma seguro que artesanal, pero lujo al fin y al cabo.

Y el lujo, ¿es sostenible?

Me surge la duda porque a fin de cuentas eso de los productos de lujo está al alcance de la mano de unos pocos que pueden pagarlo. Quizá algunos de ellos vean eso como una más de sus extravagancias, la más moderna , por cierto. Ya me parece terrible que lo ecológico esté siendo una moda más, pero si encima es de lujo me preocupa el doble.

¿Es posible decir que es sostenible un vestido que vale miles de dólares? Seguramente desmenuzando todos sus componentes se llegue a esa conclusión, porque lo que sí que puedo asegurar es que mis pantalones vaqueros no han sido producidos con los mismos criterios.

Pero aún así, ¿podemos estar satisfechos?

Igual me pasa cuando pienso en las joyas. No sé si has oído hablar de los diamantes de sangre pero son la mayoría de los que inundan el mercado de la joyería. La cuestión es que a menos que se trate de un diamante con su certificado correspondiente todos los que compremos han sido extraídos con utilizando mano de obra explotada (e infantil en muchos casos). El hecho de que una marcha de joyas apueste por los diamantes que no han sido extraídos así me enorgullece, pero aún así, ¿podemos decir que un anillo de miles de dólares es sostenible?

Y si es sostenible, ¿es responsable?

Llegados a este punto creo que mi duda tiene más que ver con una cuestión de pudor: a mí hay cosas que me dan mucha vergüenza. Y no puedo evitarlo.

Cuando antes veía uno de esos vestidos millonarios en una alfombra roja tenía muy claro lo que pensada: no me gustaba la ética que había detrás (aunque a lo mejor sí me gustaba la estética del vestido en cuestión).

Ahora, cuando veo uno de esos vestidos de telas lujosas y más que sostenibles, fabricados artesanalmente, o un conjunto de joyas igual de éticas que el vestido me gusta que se hayan fabricado de esa manera, pero no puedo decir que la ética que tienen detrás sea maravillosa (a mis ojos) porque siguen siendo productos exclusivos y de lujo.

En mi cabeza el dilema se parece mucho a ese que surgió cuando abrieron la tienda de Primark en la Gran Vía de Madrid hace unos meses. La gente se apelotonaba en colas enormes para coger turno y entrar a una tienda de ropa barata fabricada con métodos más que cuestionables, y todas esas personas fueron muy criticadas por dejarse el dinero en una tienda como esa.

Pero lo que no pensábamos ninguno es que hay mucha gente que no puede pagar la ropa sostenible, la que es de algodón orgánico teñida con tintes naturales. A veces, simplemente, ni siquiera puede pagar la que está hecha en España. No justifico que compremos esa ropa, sólo digo lo que hay.

Entonces, ¿es responsable hablar de esos vestidos lujosos y sostenibles y ponerlos como un ejemplo?

Lo mejor del lujo sostenible

Más allá de mis preguntas, más allá de todo lo que me cuestiono (que para eso he venido, para cuestionarme cosas) se me ocurre que esto del lujo sostenible tiene unas cuantas ventajas:

  • Si esa persona resulta ser famosa y decide incorporarse al Green Carpet Challenge, por más que eso a veces siga dándome un poco de vergüenza, lo tomaré como que alguien ha querido cambiar las cosas…
  • El cambio sólo podemos llevarlo a cabo desde el lugar en el que estamos. Yo no puedo cambiar el ritmo de consumo de una entrega de premios como esas porque nunca he estado allí, de la misma forma que esos famosos no pueden entrar en mi casa y ponerse a compostar. Cada uno cambiamos las cosas desde donde estamos. Lo importante es cambiar.
  • Lo de vestir más de 30 veces una prenda especial me encanta y me parece de lo más acertado. Lucir sin complejo ninguno el mismo vestido una y otra vez debería ser algo más normalizado en nuestros eventos familiares y de amistades.

 


Es posible que tras todo esto que he escrito no te haya quedado muy claro si el lujo puede ser sostenible o no, pero eso es lo bueno, que tú pienses qué te parece a ti. Y estoy deseando saber tu opinión. 

¿Crees que estos vestidos y joyas de lujo son ejemplos de sostenibilidad?

¿Piensas que no, que pese a sus materias primas no pueden ser sostenibles por que siguen siendo para una élite?

¿O crees que cualquiera de estos cambios es mejor que lo anterior?

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