Las empresas pequeñas marcan la diferencia

La economía de lo pequeño marca la diferencia

La semana pasada estuve de viaje haciendo una Ruta del Quijote. De verdad que no te puedes imaginar la cantidad de cosas que hay que ver en un viaje así hasta que estás allí. Nos alojamos en El Toboso y pasamos cuatro días visitando la zona. La cuestión es que, además de todo lo que se puede visitar y aprender sobre Cervantes y Don Quijote, allí también vi muchos negocios con ganas de trabajar en algo que marque la diferencia. Y son empresas pequeñas las que se han puesto manos a la obra.

Estuvimos visitando una bodega familiar que llevaba en pie desde los años 20 del siglo XX, y que a mediados de los 90 decidió apostar por hacer su propia producción, de forma completa, desde la plantación hasta el etiquetado de la botella, incluso certificarse como productor ecológico, y allí siguen. El padre se ocupa de las viñas, el hijo de la bodega, que tiene un tamaño abordable, que produce muchos litros de vino pero no tantos como otras que producen a gran escala. Una rareza, como ellos mismos dicen. Una maravilla de la economía de lo pequeño.

Igual que en mi viaje por La Mancha, el fin de semana pasado en BioCultura (Madrid) el pabellón de IFEMA estaba lleno de iniciativas frescas, de gente que tiene mucha ilusión y confía en que su producto es distinto a los demás. Y lo hace todo a base de trabajo, de esfuerzo y de dedicación, invirtiendo en lo que considera importante, en calidad, en crear confianza con los que compramos sus productos. Y de nuevo, son empresas pequeñas, familiares, las que están al pie del cañón. Ya me maravilló esto cuando el año pasado visité BioCultura, y sigue haciéndolo.

Esto me ha llevado a reflexionar sobre la importancia de lo pequeño en nuestra economía. Ya lo sabemos, más del 95% de las empresas de España son micro empresas (de 0 a 9 asalariados), y esto quiere decir que el tejido empresarial que nos sustenta está formado por gente que hace muchos esfuerzos para salir adelante, que quizá ha continuado un negocio familiar modernizándolo en lo posible, invirtiendo ahorros o pidiendo prestado para poder poner en marcha instalaciones y vender un producto en el que creen. También habrá quien haya empezado de cero porque un día tuvo una idea y se lanzó a la aventura. ¡Son personas excepcionales!

En BioCultura he visto muchas pequeñas y pequeñísimas empresas mostrando sus propuestas ecológicas y sostenibles, lo que es aún más complicado que salir al mercado con cualquier otro producto. Esto me ha hecho pensar que el futuro de lo ecológico está en manos de estos empresarios, más que en las de las grandes empresas. No sé si la semana pasada leíste este artículo de Esturirafi sobre el greenwashing que hacen las grandes empresas para parecer más «eco», pero no tiene desperdicio; parece que las multinacionales y las grandes corporaciones tienden más a maquillar lo que hacen de verde que a hacer productos verdes de verdad.

Pero luego están las pequeñas empresas que no necesariamente hacen producto ecológico o sostenible, pero que a mí me merecen una mención porque en muchos casos nos aportan productos de proximidad, que no es poco dadas las circunstancias. Por ejemplo, en el mercado del pueblo de mi chico hay un puesto que llevan una madre y una hija, y todo lo que venden es cultivado por su familia a tres pueblos de distancia. No es producción ecológica, pero viene de al lado y me permite reducir el impacto de mi compra, además de que sé que se trata de productos de temporada.

También se da el caso de los pequeños comercios y de las tiendas locales y de barrio, que pueden ofrecerte productos ecológicos o no, pero que en cualquier caso se trata de ayudar a tu propio barrio, a tu propio pueblo, fomentando las empresas locales (que en tantos casos son micro empresas) y ayudando al desarrollo económico del lugar en el que vives. Yo tengo comprobado que la mayoría de los productos de herbolario que compro tienen prácticamente el mismo precio en mi tienda de confianza que en una gran superficie, así que me quedo en el barrio.

Todo esto me ha llevado a pensar que, sin duda, en las empresas pequeñas está la diferencia. Y tengo tres razones para pensarlo:

  • Primero, porque son las que claramente están apostando por lo ecológico;
  • Segundo, porque aunque no vendan productos ecológicos, comprarles es muchas veces comprar producto cercano, y siempre es promover el desarrollo de la zona en la que están;
  • Y tercero, porque son las que tienen ganas de ser diferentes, y lo consiguen a base de trabajo.

Ya sabes que lo mejor de RECOLECTORA sucede en los comentarios…

¡Cuéntame!

¿Te habías fijado en que las empresas pequeñas están entrando en el mercado con fuerza?

¿Sueles acudir a los negocios de tu zona, de tu barrio, cuando haces las compras?

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *