Pon en marcha la cuarta R, de «reparar»

Imagen: Tom Quackenbush (Unsplash)
Imagen: Tom Quackenbush (Unsplash)

Este fin de semana descubrí que una de las tazas que usamos en casa se había roto. No estaba un poco desconchada, ni con un trocito del borde roto, no. Estaba rota con un hueco de porcelana en forma de triángulo. Así que tuve que tirarla con todo el dolor de mi corazón, porque era bastante grande y me gustaba cuando quería hacer una cantidad ingente de té.

Esta taza de porcelana es un ejemplo de algo que difícilmente podríamos arreglar. Bueno, si tuviéramos el trozo perdido podría haberse hecho un apaño con pegamento, ¿pero pondría agua caliente en ella sabiendo que está pegada con esa sustancia?

Sin embargo hay cosas que sí se pueden reparar y no tienen por qué terminar en la basura. Incluso cosas con mayor valor que una taza, objetos que ya nos hemos acostumbrado a desechar cuando se rompen porque son baratos en los supermercados, es decir, son muy fáciles de sustituir, y porque no nos paramos a pensar en las consecuencias que tiene tirarlos.

Ahora viene cuando te preguntas: ¿y qué consecuencias tiene tirar un objeto o un aparato a la basura? Yo me desentiendo de él porque ya no me sirve, y en cuanto lo echo en el cubo desaparece de mi vista.

La verdad es que a nuestros ojos sucede tal y como dices, pero lo cierto es que tras esas escenas de película hay otras entre bambalinas, lo que habitualmente no vemos (ni tú, ni yo, ni nadie):

  • la manera en que se han extraído los materiales de la Tierra y han sido transformados hasta llegar a ser el aparato u objeto en cuestión;
  • el resto de recursos que se utilizaron para su fabricación (electricidad, agua, horas de trabajo de personas);
  • el estado de los vertederos, ya llenos de la basura de producimos, a la que hay que añadir la basura tecnológica, que puede acabar en España o (más probable) en un país de los llamados del Tercer Mundo.

Entre medias de todo esto está el concepto de obsolescencia programada, es decir, que ciertos productos ya salen de la fábrica con las horas contadas. Obviamente la fragilidad de la taza que tiré este fin de semana hace que sea obsoleta por naturaleza: para saber cuándo se romperá hay que esperar a que se nos caiga al suelo. Pero la obsolescencia programada hace referencia más bien a los dispositivos tecnológicos y todo tipo de aparatos electrónicos. Sus fabricantes han visto un filón en eso de que de repente el móvil ya no funcione, o la impresora no imprima, como si fuera cosa de brujas.

Como esto de romper y tirar es tan cotidiano, las tres R (de reducir, reutilizar y reciclar) se han ido convirtiendo poco a poco en 4: si añades la R de reparar el círculo es más completo.

Aunque parezca que no, hay muchas cosas que se pueden arreglar para poner en marcha la cuarta R. Aquí te dejo tres ejemplos, salteados con mi propia experiencia, para que tomes ideas y empieces a hacer que las R sean 4.

Pequeños electrodomésticos y tecnologías varias

En muchas ocasiones te dirán eso de que vale más el collar que el galgo cuando pidas una pieza para que lo reparen, ¿verdad? Cuando un aparato lleva dando problemas mucho tiempo es comprensible que no quieras invertir más dinero en él, pero si no es el caso, o si la avería que tiene podría alargarle la vida un par de años más, sin duda merece la pena repararlo.

Aunque tu mente haga una regla de tres y piense que es más barato proporcionalmente comprar uno nuevo, en realidad supone menos inversión una reparación (repito, siempre que el aparato esté en condiciones de seguir funcionando después de arreglarlo). Además evitarás tirar un poco de basura digital de esa que tanto ocupa en los vertederos (y que a veces es tóxica) y darás trabajo al técnico que lo repara.

Ropa

Sí, la ropa también se puede reparar. Últimamente han proliferado las tiendas de arreglos y retoques. Yo soy asidua a la que hay en la plaza de mi barrio. Allí he arreglado algunas prendas de valor que me quedaban grandes, y me las han dejado como nuevas. También he recurrido a ella cuando se me ha descosido alguna costura en una prenda delicada que no nos atrevíamos a coser en casa, o cuando se me desgarró una parte de mi abrigo más abrigado.

Las prendas de ropa también forman parte de esa industria que nos mete en la cabeza eso de comprar y tirar; nos han dicho que las mujeres preferimos comprar cinco camisetas baratas antes que una sola de mejor calidad (y mayor precio), y por eso fabrican en consecuencia.

Con esto te quiero decir que es posible que comprar una camisa nueva te suponga unos 30 o 40 € en una tienda de moda de las más conocidas, y que arreglar esa costura que se te rompió salga por unos 8 €. Volviendo a lo mismo que a los electrodomésticos, proporcionalmente es más barato comprarse una nueva, pero piensa si quieres formar parte de la rueda de la fast fashion o de la de las 4 R.

Otros objetos que pueden seguir usándose con un retoque (zapatos, bolsos, muebles…)

Te sorprendería la cantidad de tiendas y negocios que arreglan zapatos desde que la crisis golpeó en España. Ha pasado algo parecido a lo de las modistas y costureras, ¡y yo que me alegro! El hecho de que unos tacones tengan desgastadas las tapas, o que poco a poco se haya ido estropeando la suela de uno de tus pares de zapatos no quiere decir que tengas que tirarlos. Y gracias a Dios sucede lo mismo cuando se te rompe algún remache en un bolso, o se te descose el asa. ¡Se puede arreglar!

Hace unos meses uno de mis bolsos favoritos se rompió: el trozo de material que sujetaba el asa se estaba rompiendo y estaba desgarrando el lateral del bolso; en cualquier momento se rompería porque iba cosido. Lo llevé a la tienda a la que siempre llevamos estos asuntos, y me arreglaron ese asa colocando un trozo nuevo de material, lo remacharon en lugar de coserlo y me igualaron el otro lado del bolso, aunque ese no estaba roto, para que quedara igual.

Lo arreglé porque en realidad el bolso estaba muy poco usado, no estaba desgastado y además era estupendo para salir. Y mereció la pena, porque sé que ahora lo podré usar más años que si fuera nuevo.

Si reduces lo que consumes para no caer en el consumismo;

si reutilizas todo lo que pueda tener una segunda vida;

si reciclas lo que a ti ya no te sirve pero puede ser materia prima para otra industria;

y reparas lo que tiene arreglo;

está claro que estarás en el buen camino hacia una vida más sostenible.

¡Cuéntame!

¿Eres de los que ya ha descubierto la cuarta R?

¿Reparas cuando algo tiene arreglo?

¿Qué te parece eso que nos dicen de que vale más el collar que el galgo?

¿Qué has reparado últimamente que parecía que no tenía solución?

10 comentarios

  1. Yo siempre intento reparar, antes de comprar!! O sino reutilizarlo para otra cosa… por ejemplo una taza rota que ya no puedo usar para beber, la utilizo para poner bolis o los cepillos de dientes.
    La ropa también intento repararla siempre que puedo, hay una modista al lado de casa a la que vamos y nos lo deja como nuevo. Y si ya no se puede reparar, lo utilizo como trapo para limpiar.
    Estoy de acuerdo contigo, tirar objetos duele mucho… y duele todavía más ir a reparar algo y que te digan que sale más barato comprarlo nuevo, qué horror de consumismo!!
    Gracias por el post, como siempre genial 🙂 Besos guapa

    1. Me has hecho pensar, Ester, por que a lo mejor podía haber hecho algo con esa taza… Un abrazo, y gracias por dejarme tu comentario.

  2. Hola Irene,

    di que sí que hay que ir más allá de las 3 Rs, que parece que esta regla se queda reducida solo al reciclaje cuando eso solo debería ser el último paso, antes hay que tener en cuenta las anteriores y por supuesto reparar antes de tirar.
    Además al reparar se nota el cambio en el medioambiente y en el bolsillo.

    Saludos!

    1. Hola Isabel, estoy de acuerdo contigo en que, como yo digo, la vida sostenible es mucho más que usar en contenedor amarillo.
      ¡Un abrazo!

  3. Siempre intento reparar todo lo que se avería o se rompe. Con la ropa lo tengo fácil que mi madre sabe coser y no veas lo que ahorro. Y ahora estoy intentando aprender, y le estoy cogiendo el gustito, que se pueden hacer muchísimas cosas. Y con los aparatos, hasta que veo que es imposible repararlo o que no merece la pena, igual. Que no hay que tirar por tirar.
    Besotes!!!

    1. Muchas gracias por tu comentario, Margari. Menuda suerte tener ese talento de tu madre en casa… nosotras también cosemos lo que podemos y sabemos, y lo que no va a la modista. Y también esto cogiendo el truco a la máquina de coser. Este verano si me salen cosas decentes os iré enseñando resultados.
      Un abrazo,

  4. HOLA IRENE:
    ME HA ENCANTADO TU ARTÍCULO PORQUE CONSIDERO FUNDAMENTAL QUE REPAREMOS TODO LO QUE SE PUEDA. TODAVÍA RECUERDO CACHARROS DE MIS ABUELAS CON «LAÑAS» QUE ERAN COMO GRAPAS Y QUEDABAN PERFECTOS O LAS CACEROLAS ARREGLADAS CON ESTAÑO QUE DURABAN OTRO TANTO. CREO QUE DEBEMOS RETOMAR ESTA ÚLTIMA «R» Y VALORAR LA SUERTE QUE TENEMOS DE ESTE «PRIMER MUNDO» EN EL QUE VIVIMOS.

    1. Muchas gracias por pasarte por aquí y dejarme tu comentario, Mariví. Yo también creo que tenemos mucha suerte en esta parte del mundo. En otras culturas siguen reparando igual que lo hacían nuestros abuelos.
      Antes los objetos tenían un valor, y merecía la pena repararlos. Como decía en el artículo, ahora que todo es tan fácil de sustituir hemos perdido la necesidad de arreglar, pero sin duda debemos volver a ella, tirar menos y pensar un poco más.
      Gracias por compartir.
      Un abrazo,

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