«El padre de Blancanieves»: 3 reflexiones sobre nuestro camino

El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui: tres reflexiones sobre nuestro camino
El padre de Blancanieves, de Belén Gopegui: tres reflexiones sobre nuestro camino
Imagen: Isaac Holmgren

El año 2017 acaba de comenzar y ya he leído 3 libros (y voy terminando el cuarto). No quiero presumir, no eran enormes y el metro (más de una hora al día de viaje real subterráneo) ayuda mucho cuando quieres leer.

De los tres (casi cuatro) que me he llevado a los ojos, hoy quiero hablarte de un libro peculiar que he conocido por casualidad y que, la verdad, no hubiera leído nunca si no fuera porque mi chico lo dejó en casa.

Verás, no sé bien por dónde empezar este artículo y me está costando mucho escribirlo porque temo no dar en el clavo o no contarte todo lo que tengo en mente, pero aun así voy a arriesgarme porque creo que tienes que saber de la existencia de este libro sólo por si en algún momento te animas a reflexionar sobre los temas que plantea.

El libro se llama “El padre de Blancanieves” y su autora es Belén Gopegui. Como soy tremenda haciendo resúmenes de libros prefiero que leas esto, escrito por un profesional, con la garantía que no te destripo nada del argumento:

Una profesora de instituto espera en su casa a que el repartidor del supermercado le traiga la compra. El repartidor se retrasa y ella se marcha. Horas después encuentra que le han dejado la compra a unos vecinos y se han estropeado los productos congelados. Llama al supermercado para quejarse. Al día siguiente, la profesora aún no se ha quitado la camiseta de dormir cuando llaman al timbre; es el repartidor del supermercado, un hombre de Ecuador. El hombre le dice que por causa de su llamada telefónica le han despedido. La profesora lamenta el incidente, pero el hombre insiste: ella es responsable de su despido, debe encontrarle otro empleo. A partir de ese momento, la vida de la profesora se ve afectada, y con ella, la vida de su familia.

En el cuento tradicional, el padre de Blancanieves está en el castillo, asiste a las maquinaciones de la madrastra pero guarda silencio. ¿Por qué no advertimos que estaba ahí? ¿Existe la clase media o es una ficción hermosa y triste? ¿Puede el padre de Blancanieves llevar su ánimo a la altura de su espíritu? (…)

Desde este planteamiento, tan sencillo en apariencia, comienza una novela que me ha dado mucho en qué pensar y que, por eso, tenía que compartir contigo. No se trata de una novela cualquiera, si fuese así me hubiera costado un poco más encajarla en mis artículos para el blog.

En el libro se retrara una parte de la sociedad que a mí me fascina: las asociaciones que luchan para cambiar las cosas. Las que luchan por los derechos civiles, las que se manifiestan, las que mandan libros a países en desarrollo, las que reparten comida… etc. Y también, cómo no, de las personas que las componen, de esos entes individuales que conforman la voluntad de las asociaciones que actúan. Bueno, no habla de todas, pero con el ejemplo de una me sirve para comentar los principales puntos que me han hecho reflexionar con esta novela.

Este artículo no es una reseña del libro, ni te voy a contar la trama, ni voy a analizar los personajes.

Quiero hablarte de los tres puntos que más me han interesado para animarte a que leas esta novela, si no la has leído ya. Por otra parte, quisiera que me dejaras algún comentario sobre lo que piensas acerca de estos temas, porque la lectura de El padre de Blancanieves me ha dejado dando vueltas a la cabeza; y, ya por último, si has leído el libro, que me contaras también tus impresiones.

¡Voy a ello!

#1 – El activismo

Con esta palabra, cuyo significado formal se me escapa un poco, me refiero a esas manifestaciones públicas en las que alguien (una persona, un grupo) muestra su opinión sobre un tema de forma clara y, si me permites que lo diga, con cierta fuerza y mucha convicción.

Entendido de esta forma, yo no me considero una persona activista porque me cuesta mucho manifestar esas convicciones en público, sobre todo en esos contextos en los que siempre pensamos cuando hablamos de activismo: la calle, la vía pública, la puerta de una empresa o de una institución.

Mi carácter no me ayuda en estos casos, qué voy a hacerle, aunque seguro que practico otros activismos que ahora mismo no alcanzo a ver o que yo misma pienso que no significan nada.

La novela de la que te hablo hoy trata también el dilema entre ser parte de «la masa» (permíteme la expresión) o quejarse contra todo lo injusto. A través de los personajes muestra muy claramente cómo hay quienes prefieren ser parte del sistema y hay otros que se inclinan por luchar contra él.

Mi pensamiento mientras iba conociendo a todos los personajes y sus motivos era: ¿es posible querer que todo cambie y, al mismo tiempo, querer una vida «normal», de lo que ahora mismo se llama despectivamente «clase media»?

O dicho de otro modo: ¿tengo autoridad moral para quejarme de cosas cuando yo misma vivo dentro del sistema? ¿Tendría más autoridad si me quejara del fracaso de las energías renovables si viviera en una cabaña?

Yo creo, desde luego, que siempre y cuando mi vida no sea incoherente, mientras no haga daño a los demás, puedo ser consciente de lo malo que hay en el mundo y protestar y actuar contra ello, sea mayor o menor mi nivel de activismo. Pero entiendo que hay gente que no lo ve así.

>> Y tú: ¿qué opinas de estas dos formas de ver el mundo?

#2 – La hipocresía

Directamente relacionado con lo anterior se me viene a la cabeza el tema de la hipocresía en este mundo que debería ser activista, en cualquiera de las formas posibles del activismo.

Por un lado la (supuesta) hipocresía de los que intentamos luchar contra lo malo de este sistema. Digo «supuesta» porque, aunque muchos puedan considerar que yo lo soy, no me considero así. Me he visto en apuros con este tema porque, sí, yo también tengo ropa de Inditex (siento comunicarte, por si tenías dudas, que la ropa ecológica que veo en muchas tiendas no entra en mi presupuesto), por ponerte un ejemplo.

¿Soy hipócrita por eso? Desde luego, este libro plantea muchas preguntas, aunque las respuestas nos las deja en el aire…

Por otra parte, algunos personajes se enfrentan a situaciones que pueden ser consideradas hipócritas, y son precisamente aquellos que, como decía la reseña de arriba, pertenecen a la «clase media». ¿Es hipócrita querer lo mejor para tu familia? ¿Lo es tener un buen sueldo, conseguido por un trabajo bien realizado, y querer tener una casa, o unas vacaciones? ¿Es eso ser «parte del sistema» cuando deberíamos estar luchando contra él?

>> Y tú, que me lees, seguro que alguna vez también te has visto en esta o en otra parecida… ¿No te han preguntado, por ejemplo, cómo es que usas un móvil, con lo «eco» que tú eres? ¿Cómo te has sentido ante esa cuestión que simplifica todo tanto?

#3 -Entonces, ¿puedo cambiar el mundo manteniendo mi vida tal y como está?

Cuando terminé de leer este libro las cosas no me quedaron muy claras. Cada uno de los personajes tenía una razón (su razón) para actuar como actuaba, para plantearme cuestiones, para interrogarme. Sobra decir que creo que el propósito de la autora no es aleccionar a nadie sino, precisamente, revolverle por dentro e invitarle a buscar sus propias respuestas.

Es obvio que, si yo no me preocupara por lo que me preocupo, este libro hubiera pasado por mi vida como uno más, otra aventura de tantas, o quizá ni eso, porque como te decía arriba no es el tipo de ficciones que suelo leer. En cambio, como soy como soy, se me vinieron a la cabeza todas estas cuestiones.

La última es la siguiente: ¿puedo cambiar el mundo manteniendo mi vida tal y como está?

Hay gente que no se plantea esta cuestión porque no quiere cambiar nada de lo que le rodea. Quizá no se haya dado cuenta de lo que pasa, no sólo medioambientalmente, sino también a nivel social; quizá está bien como está; o no quiere líos, o sabe que lo que quiere es otra cosa… En estos casos esta pregunta ni llega a plantearse.

Pero, ¿qué pasa con los que sí nos planteamos la vida? ¿Podemos tenerlo todo? ¿Podemos luchar contra lo que consideramos injusto y seguir el ritmo de vida que nos impone «el sistema»?

No quiero demonizar a ese temido (quizá temible) «sistema», porque supongo que tiene cosas buenas y malas que dan para analizar en un artículo más profundo que yo no sería capaz de escribir, pero la respuesta que yo creo correcta es: no, no podemos tener todo.

Podemos tener un mínimo, una vida que no necesariamente tiene que ser radical en los extremos en los que estamos pensando pero, siendo serios, tú y yo, con lo que sabemos, con lo que hemos visto y con lo que conocemos, no podemos seguir llevando la misma vida que antes, o la misma vida que parece que nos cortan a todos, como si fuera un traje. ¿No crees tú?

Por ejemplo, sabiendo lo que ahora mismo ya sabemos, ¿podrías comprar, sobre plano, una casa financiada al 120% a una empresa constructora? Es sólo un ejemplo, pero me sirve para ilustrar lo que pasa con la industria inmobiliaria en España, o con el aceite de palma, o con cualquier otro de los temas que ahora mismo nos preocupan.

Y si tengo unos ideales medioambientales, o éticos, o sociales, ¿todo eso quiere decir que tengo que irme a vivir a una comuna, o convertirme en hippie si no quiero serlo (si quieres, ¡genial!)?

Yo creo que no, y aquí rompo una lanza a favor de esa «clase media» que está un poco estigmatizada desde que… bueno, desde que la clase media es la gran mayoría de la población, o al menos lo es en términos estadísticos.

Creo que no es lo mismo ser medio que mediocre.

Creo que es posible vivir bien sin hacer daño a nadie y luchando por lo que es justo, siempre que tu vida tenga un norte, una razón, y siempre que cada elección que hagas tenga un sentido.


Y por todo esto es por lo que tenía que compartir este libro contigo. A mi modo de ver los que estamos metidos en causas sociales/medioambientales deberíamos leerlo. Plantea preguntas interesantes, y seguro que si lo lees tú te pondrá delante otras cuestiones que a mí no se me han planteado.

Habla, además, de muchos otros temas que aquí no me da tiempo a tocar: el trabajo asalariado, la política, la distribución del capital y del tiempo, la juventud…

Sí, es una novela, pero es mucho más. Y tenía que hablar de ella contigo.

Gracias por quedarte hasta el final…

Ahora cuéntame: 

¿Has leído este libro? ¿Qué te ha parecido?

¿Qué opinas de las diferentes maneras de ver el activismo?

¿Has pensado alguna vez que eres hipócrita por tu forma de ver la vida (en este caso, el medio ambiente) y tu forma de actuar en tu día a día?

13 comentarios

  1. Hola Irene!
    ¿3 libros y aún no ha acabado enero? Te entiendo… Yo hubo tiempo que trabajaba a una hora de casa y los devoraba…
    No he leído el libro pero me lo apunto ya que parece muy interesante!
    Como yo lo veo, y actuó en consecuencia (o eso creo e intento), formamos parte del sistema e intentamos mejorar lo negativo, lo que está a nuestro alcance, y además, intentamos compartirlo con cuantos más mejor aún sabiendo que eso a veces genera rechazo.. De hecho, no mantenemos nuestras vidas cómodamente, cambiamos muchos hábitos para ser coherentes con lo que predicamos… En fin, me has hecho pensar y no me enrollo más!
    Un saludo!

    1. ¡Hola, Raquel! Muchas gracias por compartir conmigo tu punto de vista. Me sirve para pensar en mis propias respuestas.
      Estoy de acuerdo contigo: desde dentro del sistema cambiamos o rechazamos lo que no nos gusta, sin ser hipócritas por ello.
      Un abrazo,

  2. Tampoco mi carácter me ayuda a ser muy activista. Eso de las manifestaciones… Cuando participo voy ahí en la cola, haciendo número más que otra cosa. ¿Autoridad moral? ¿Quién la tiene? ¿Y por eso no vamos a poder reclamar un mundo más justo, un mundo mejor? Tengo que utilizar los medios que todo el mundo usa, o por mi trabajo o porque la vida ya en sí me lo reclama. Ahora mismo estoy escribiendo en un ordenador. Tengo que tener el móvil, porque si no, perdería el trabajo que tengo ahora mismo. Y también tengo ropa Inditex. Somos tres en casa para vestir y es imposible vestirse sólo con ropa ecológica. No puedo estirar más el sueldo… ¿Eso significa que no puedo luchar por un mundo mejor? Y tampoco me voy a ir a una comuna, que no es mi estilo. Son preguntas que desde luego te hacen pensar mucho. Y terminas hasta liándote, porque llega un momento en que no sabes lo que está bien y lo que no…
    Besotes!!!

    1. ¡Hola, Margari!
      Muchas gracias por tu comentario y por contarme lo que piensas sobre este tema tan complejo.
      Comparto contigo la visión de que al final, como sigas dándole vueltas, no sabes lo que está bien o mal. Un poco de esa forma es como terminé yo al leer el libro (y creo que algún personaje también).
      ¡No todo es blanco o negro!
      Por eso lo mejor es seguir trabajando en lo que creemos, pienso yo.
      Un abrazo enorme 🙂

  3. Es lo que tienen los libros, que nos abren la mente y nos hacen plantearnos cosas que nunca se nos habían ocurrido. Nos hacen ver la vida de otra manera.

    Yo no creo que alguien sea hipócrita por no ser ecológico al 100%. Hipócrita se es cuando se muestra preocupación por algo y no se hace nada por evitarlo. Desde que empecé mi transición al «zerowaste» me siento mucho mejor conmigo misma. Vale, no soy perfecta, y todavía hay algo de plástico en mi cubo de basura, pero Siento que por fin hago algo que verdaderamenuestro vale la pena, y que soy consecuente con lo que pienso.

    1. ¡Hola, Elia! Mil gracias por tu comentario y por tu punto de vista. Creo que es acertado, al menos tal y como yo lo veo. De otra forma sería un «todo o nada» que podría llevarnos al «nada»…, para que todo siguiera igual.
      Un abrazo, y de nuevo gracias por aportar tu visión a este debate.

  4. Hola.Estoy en un club de lectura y este mes nos han puesto este libro de tarea.
    Soy una mujer de 67 años y me siento muy afortunada de pertenecer a este club de lectura porque gracias a él estoy leyendo libros que me hacen pensar muchísimo.
    Me ha parecido fantástico el análisis y las preguntas que planteas.
    A final de mes tenemos la reunión para hablar del libro,ya tengo ganas.
    Muchas gracias .Un saludo..

    1. ¡Hola Rosario! Muchas gracias por pasarte por aquí y por haberte tomado el tiempo de dejarme tu comentario.
      Me alegro mucho de que hayas encontrado interesantes estas preguntas para preparar la reunión. Y ojalá el libro te haga reflexionar tanto como a mí.
      Un abrazo, 🙂

  5. Hola Irene. Estoy leyendo el libro del que hablas. No me voy a extender sobre las tres reflexiones que mencionas, porque, efectivamente, yo hago lo que puedo, qué posiblemente podría hacer más, estoy segura de que sí. Pero el libro toca otros temas muy interesantes, y no es porque los tres que mencionas no lo sean. Dice por ejemplo: » Esta historia no trata tanto de lo que no se ve como de lo que viéndose, no se mira.» De la intimidad, de lo que pensamos pero no decimos y que el no decirlo tiene consecuencias. De la relación padres e hijos, de las relaciones de pareja, de los amigos…en fin, temas muy importantes y que dan mucho que pensar y reflexionar sobre ellos.
    Muchas gracias. Un saludo

    1. ¡Hola Isabel! Muchas gracias por dejar tu comentario y tus reflexiones.
      Por supuesto que sí, a raíz de ese libro podríamos hablar de muchos más temas. Yo me centré en los tres que estaban más relacionados con lo que trato en este blog, pero claramente hay más, como los que mencionas.
      Un abrazo,

  6. Es gracioso. No sé si leeré el libro, pero, desde luego, el blog y sus entradas no me han ayudado mucho. Por favor, leedlo en conjunto. Es lo más insustancial que ha parido madre. Dudo, sí, hasta dudo, que la obra se haya leído entera por todos los que hacen alguna entrada. Lo siento por la autora Belén Gopegui, y le digo: ánimo Belén, esto no es más que un blog en el que no se ha puesto mucha masa cerebral; he entrado en él porque una amiga me ha recomendado el libro, y lo leeré. A mí me gusta escribir, hago alguna cosilla, pero me paraliza la doble lectura que una persona que no me conoce hace de la obra. Después quiero ser benévola, y pienso en las obras escritas como lo haría con un cuadro, donde una pincelada blanca en un cielo pude ser luz, nieve, pureza…. o el paso de un avión, y perdono la vida a quien malinterpretó lo que quise decir en mi articulillo.

    1. Hola, Inés.
      Muchas gracias por haber dejado un comentario tan largo, valoro mucho tu tiempo.
      Si te animas a leer «El padre de Blancanieves» me encantará leer tu reseña, o tu comentario, o lo que quieras escribir, y así podemos comentarlo. Yo lo leí hace muchos años, pero a lo mejor me refrescas la memoria o sacas alguna reflexión que yo no saqué en su momento.
      ¡Saludos!

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