Predica con el ejemplo y no predicarás en el desierto

Militar con el ejemplo

Militar con el ejemplo

A veces tengo dilemas en mente, dilemas de comportamiento… ¿qué hago? ¿Qué debo hacer? ¿Qué digo en esos casos en los que me hierve la sangre?

Me refiero a esos momentos en los que crees que no puedes callar, que será imposible, superior a tus fuerzas. Los hay, de verdad que sí. Seguro que has experimentado alguno.

Como ejemplo destacado, estoy segura de que has ido alguna vez a algún buffet libre, aunque sea en un hotel a la hora del desayuno, y has visto cómo se comportan algunas personas cuando pueden llenar sus platos hasta arriba. En esos momentos yo me pregunto: ¿cómo le digo a alguien, supongamos, de mediana edad, que quizá peina canas, que no se está comportando como debe?

Me refiero también a esos que pasan al lado de una papelera pero tiran el papel o el chicle al suelo, o que por no dar dos pasos de más tiran botellas de plástico en las papeleras en lugar de tirarlas al contenedor amarillo… Ejemplos tendrás mil en la cabeza, lo sé.

¿Cómo nos enfrentamos a esos casos en los que parece que todo está del revés, que no tiene ningún sentido? ¿Tiramos de las orejas a quien actúa de esa manera? ¿Le explicamos amablemente y con una sonrisa lo que debería hacer?

Aplica una pequeña regla

Mi experiencia, aunque no sea muy dilatada en el tiempo, me ha enseñado una cosa: muchas veces estoy tratando con gente con opiniones firmes, tan firmes como las mías pero en sentido opuesto.

De nada servirá que les hable de separar residuos porque ellos piensan que luego se junta todo en las plantas de basura; o creen que hay quien se hace rico a costa de nuestros quebraderos de cabeza con las latas y los envases; tampoco servirá de mucho que a las personas de un buffet les comentes el tema del desperdicio de alimentos, porque te dirán que lo han pagado, que están en su derecho, y que de todas formas que ellos no tiren comida no va a hacer que otro no se muera de hambre.

Triste pero cierto.

En esos casos yo aplico una regla que me suele funcionar bastante bien: sé militante, pero sin pasarte.

Sé militante, pero sin pasarte, cuando a tu alrededor nadie quiera escucharte.

Esto quiere decir que se puede predicar, pero que llegados a un punto la gente no escucha, principalmente porque no quiere hacerlo, porque ya tiene sus razones, sus convencimientos, sus motivos para actuar como actúa. O porque le importa muy poco lo que tú le vayas a decir sobre el medio ambiente (pero vamos a pensar bien, vamos a pensar que no se trata de esto).

En estos casos, más que predicar de palabra y ser militante hasta el extremo, más que contar que el último informe que leíste sobre desperdicio alimentario arrojaba tales o cuales cifras (por decir algo) es mejor predicar con el ejemplo, como siempre nos han enseñado.

¿Por qué es mejor predicar con el ejemplo?

Principalmente por una razón muy sencilla: nadie es perfecto. Ni tú ni yo lo somos, aunque conozco personas que quieren serlo y lo intentan como mucho ahínco. Les admiro mucho. Lo que pasa es que todos los demás damos pasos para conseguir hacer menos impacto en el Planeta.

Para serte sincera, en aquellos temas más escabrosos de tu vida sostenible no puedes dar ninguna charla a nadie, por mucho que te sepas la teoría.

En mi caso, puedo hablar de forma radical contra el desperdicio de alimentos, porque soy estricta en ese asunto, pero no puedo decir mucho acerca de las marcas de ropa que visto, porque sé que hay otras más eco y más sostenibles pero no las puedo pagar ni nadie de mi entorno me las regala. ¿Comprendes lo que quiero decir?

Otra de las razones para predicar con el ejemplo y no dar charlas innecesarias es que cada uno tenemos nuestro proceso de cambio y damos los pasos como queremos o podemos. Que tú ya hayas aprendido ciertas cosas en tu viaje a la sostenibilidad no quiere decir que todos los demás vayan al mismo ritmo, ni que debas aleccionar a diestro y siniestro.

Hay gente que hace lo que puede, en serio, y esto es muy válido también, porque imagino que es complicado llenar la cesta de la compra y los armarios de productos eco y muy sostenibles cuando se tiene un sueldo como el que tenemos aquí y una familia con, pongamos por caso, uno o dos hijos.

Es mejor que tú mismo seas el cambio, seas el ejemplo, en lugar de ser la voz que les dice cómo actuar. Básicamente es lo mismo que pasa con la espiritualidad y la religión.

Esto no es una oda a la mediocridad…

… más bien todo lo contrario. Al principio podría parecer que te estoy sugiriendo que cierres la boca, que veas las injusticias y las dejes pasar, que no protestes cuando se cometen excesos contra el Planeta. ¡Pero no es así!

Lo que te estoy diciendo en realidad es que te dejes de palabras y actúes, porque tu ejemplo es mucho más poderoso que cualquier palabra o charla que puedas darle a nadie. Está bien que leas, que comentes, que hables con los demás, que cuentes a alguien lo que te ha impresionado sobre temas que te llaman la atención, pero nada hay tan poderoso como tu ejemplo.

Con quién puedes ser militante

Todo esto no quiere decir que no puedas militar en ciertos lugares y con ciertas personas. Es más, debes hacerlo, porque es tu deber, aunque nunca debes olvidar ser un ejemplo a la vez que hablas, porque si no, no va a servir de mucho.

Esas personas con las que puedes ser más militante que con el resto son:

  • Tu familia más cercana, que para eso está, porque seguro que en el marco de confianza que os une hay cosas que puedes decirles para que razonen y disminuyan su impacto sobre el Planeta.
  • Tu pareja, porque si compartes esto con él o ella todo es más sencillo. Es como cuando sales a correr acompañado, que te animas más que si vas solo. También porque se supone que compartes o compartirás (quizá) un espacio vital con esa persona, y seguro que tú quieres que ese espacio vital sea sostenible. Por último, puedes y debes ser militante con tu pareja porque, en caso de que tengas hijos, es quien debe ayudarte en su educación en sostenibilidad y amor por el medio ambiente.
  • Tus hijos, porque tienes el deber de educarles, ni más ni menos. Y esto forma parte de su educación.
  • Tus personas de más confianza, grupo en el que se pueden incluir amigos muy íntimos o personas con las que tengas una especial relación de sinceridad y aprecio mutuo. Es posible que estas personas no te miren mal pese a todo lo que les digas.
  • Los gobiernos, tanto de tu ciudad como de tu país. Con ellos sí que hay que ser militante, principalmente porque no nos ven en nuestro día a día, por tanto el ejemplo que les demos les sirve de poco.

Una última reflexión antes de irme: creo que si  tratas de ser militante de forma exagerada te costará horrores cada paso que des, y verás con decepción que nadie actúa como dices y que pese a tus esfuerzos aún hay gente con actitud pasiva o decidida a destrozar la Tierra.

Desde mi punto de vista, es mejor que alguien realice gestos pequeños pero de forma consciente a que se harte de nuestra palabrería y al final no haga nada de nada por el Planeta. Además, puedes llegar al punto de provocar el efecto contrario a lo que tus palabras piden.

De esa forma, además, veremos los cambios de forma positiva, en lugar de ver solamente lo que aún queda por hacer. ¿No te parece?

¡Cuéntame!

¿Qué opinas de esto? 

¿Alguna vez has intentado ser militante con alguien que no ha querido escucharte?

¿Crees que es hora de que nos pongamos manos a la obra para que cunda el ejemplo?

47 comentarios

  1. Buenos días! Tienes razón, más vale actuar muchas veces en lugar de tratar de imponer, se trata de convencer más que de vencer. Además el acto en sí debe de salir de uno mismo demasiado a menudo. A veces tengo dudas de hasta qué punto otros toman ejemplo o no cuando tratas de convencer mediante la acción; como último reducto siempre queda el consuelo de pensar que siempre hay quien actúa correctamente y además creyendo en como lo hace.
    Un abrazo!

    1. ¡Hola, LectorFiel!
      Yo creo que poco a poco hay quien se termina dando cuenta de lo que haces. Si lo ve todos los días o de forma constante puede llegar a interesarse por esa acción, por pequeña que sea. Y eso es el ejemplo. Tampoco pierdo la esperanza… 😉 Un abrazo,

  2. Cuanta razón! Yo pasé por esa fase de «desgastarme» en hacerle ver a los demás que estaban equivocados, hasta que comprendí que yo nunca podré asegurar estar en posesión de la verdad, y lo único que conseguía era vivir cargada de rabia; así que, lo que humildemente puedo hacer es aplicar el principio de COHERENCIA y vivir como pienso. Alguien hay que siempre se fija y pregunta. De esta manera es mucho mas fácil «remover conciencias» porque hablas con una persona predispuesta a escuchar.

    1. ¡Hola María! Muchas gracias por tu comentario y esa experiencia tan valiosa.
      Me ha gustado mucho la palabra que resaltas. La COHERENCIA es fundamental a la hora de transmitir cualquier idea.
      Un abrazo,

  3. Muy bueno Irene, el tiempo me ha demostrado que la única manera de enseñar es con el ejemplo. A modo de anécdota, en mi anterior trabajo (una multinacional) empecé siendo la única que se llevaba siempre una ensalada para comer que preparaba allí mismo. El resto llevaba bocadillos regados con sopa de sobre. Me miraban como a la rara. Al final, más de la mitad de la gente acabó por llevar también ensaladas y nunca más se volvieron a consumir sopas de sobre en mi departamento. Todo esto sin decir ni media palabra ni intentar convencer a nadie.
    Un abrazo!
    Kiki

    1. ¡Hola Kiki! Qué anécdota tan estupenda 🙂
      Es cierto que muchas veces los cambios son silenciosos, casi podríamos decir que contagiosos…
      A partir de ahora cuando hable de este tema me acordaré de tu experiencia.
      Un abrazo y gracias por compartirla.

  4. Estoy de acuerdo, creo que en la mayoría de casos es una pérdida de tiempo intentar convencer a alguien con un sermón… Se sienten amenazados o creen que tu te sientes superior por el hecho de soltarles el discurso. Así que lo mejor es, como tu dices, predicar con el ejemplo.
    Con mi familia y amigos, por ejemplo, nunca les he soltado rollos sobre alimentación sana, ecología… son mis acciones las que convencen, cuando ven los buenos resultados deciden aplicarlo ellos mismos. Así se sienten bien por haber tomado ellos la decisión y no se ven «obligados» a hacerlo porque yo lo diga.

    Besos guapa!!

    1. ¡Hola Ester! Gracias por tu aportación, imagino que tú también tienes mucha experiencia con este tema.
      Un abrazo muy grande 🙂

  5. ¡Qué lectura tan interesante! Cuanto más me involucro en asuntos medioambientales o animalistas, más me doy cuenta de esta realidad. Hay gente que, por mucho que les expliques y les argumentes, no van a cambiar nunca de opinión. O bien porque, como tú dices, son de ideas fijas, o bien por comodidad, o por falta de interés o empatía. La verdad es que todavía no estoy segura de cuál es mi opinión al respecto… ¿deberíamos seguir intentándolo? ¿dar el caso por perdido? Creo que me falta experiencia. Lo que sí sé es que nunca siento que pierdo el tiempo al compartir información y educar a aquellos más cercanos a mi, o a las personas más jóvenes (¡aunque podrías sorprenderte con las personas más mayores!). Nunca se sabe si por ti harán un esfuerzo, o si recordarán tus palabras en algún momento en el futuro. ¡No se pierde nada por intentar ser el cambio!
    Gracias por compartir este post ^^ ¡Saludos!

    1. ¡Muchas gracias por tu comentario, Khristina!
      Tienes razón en que educar en sostenibilidad nunca es una pérdida de tiempo.
      Y sobre los mayores… qué puedo decirte, ¡son increíbles!, porque no hemos inventado nada y casi todo lo que hacemos ahora por el Planeta ya lo hacían ellos antes. Estoy segura de que a veces piensan eso, que esto de los modernos ya viene de hace mucho, pero por dentro saben que vamos por buen camino.
      Un abrazo 🙂

  6. Me encanta, precisamente esto que hablas es aplicable a cualquier cosa. Cualquier descubrimiento que haces en tu vida y que sientes unas ganas locas de compartir con el mundo porque te parece lo mejor que le puede pasar a nadie, incluso eso, no sirve de nada ir a contárselo a nadie. Porque es genial, fantástico y maravilloso para ti que te encuentras en este punto vital, que has entendido X, que has superado Y y que tiene una debilidad especial por Z.

    Suele pasar que cuando descubrimos algo o estamos muy convencidos perdemos mucho tiempo tratando de convencer a otros o deseando que otros nos acompañen pero, lo cierto es que no se trata de saberlo o no saberlo. Se trata de usar ese conocimiento, y si me quedo solo con haberlo descubierto y me pongo de mision hacerlo ver a los demás, jamás de los jamases llego yo a cambiar mi mundo, nunca llego a la práctica y nunca puedo predicar con el ejemplo. Me quedo en predicar y nunca llego a vivir en ese mundo que sueño desde mi anticuado y pestilente pasado. En resumidas cuentas dejo que el miedo a salir y a hacer lo que en realidad sueño me paralice y me dedico a esperar a que los demás se animen a cambiar de lugar.

    Yo soy o he sido mas de las que descubren algo, empiezan a cambiar cosas pero por miedo al que diran se las guardan, por lo que ni llego a ser ejemplo ni me tiro del todo a la piscina. Aún estaba esperando el permiso. Desde que empecé el blog la cosa ha cambiado y he dejado de esconderme… poco a poco.

    Lo que más me gusta de este post es la honestidad que tiene dentro. El hecho de que expongas que ser sostenible no es ser perfecto, es lo primero de todo ser consciente, tanto de lo que haces como de lo que no haces.

    Gracias por otra píldora de reflexiones.

    Un abrazo!

    1. Queridísima Amelia: gracias a ti por dejar en mi blog un comentario como este.
      Yo siempre había pensado que hablar sin hacer no vale de nada porque así me educaron, y porque creo que es cierto. Pero es que tienes razón en que además haciendo eso estamos desperdiciando las fuerzas que podamos tener para ponernos en marcha y nos estamos escondiendo en excusas…
      Mil gracias por escribirme.
      Un abrazo grande 🙂

  7. Genial. !!!!!

    Gracias por brindarme este regalo. Lo hago en mi conciencia y en mi diario vivir, y pido a Dios que todo obre de igual forma con cada quién. Todos tenemos amor para dar lo mejor y es en la flexibilidad del ejemplo desde donde se cobija esta práctica. Un abrazo hermosa.

    Ana

    1. Hola, Ana Beatriz, 🙂
      MUCHAS GRACIAS A TI POR TAN HERMOSAS PALABRAS y por sentirte identificada con lo que expongo en este artículo.
      Un abrazo,

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