¿Crees que eres libre?

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Hay algo que a mi padre le gusta mucho recordarme, y es lo mucho que me he quejado siempre de que el coltán esté financiando la guerra del Congo y de que haya niños y mujeres tratados con violencia extrayendo minerales que luego se usarán para fabricar teléfonos móviles.

Me lo recuerda, y con razón, cuando me ve extasiada leyendo algún correo electrónico con el móvil, o esperando un mensaje de texto de alguno de mis grupos.

Que las personas somos libres, al menos conceptualmente hablando, es algo que nos gusta mucho decirnos, porque durante muchos años ha habido generaciones de personas que no han tenido la libertad que ahora nosotros disfrutamos. Saber que eres dueño de ti, de lo que haces, de cómo vives, de lo que piensas, de tu futuro… ha sido un hito en la historia de la Humanidad.

Me gustaría decirte que la esclavitud que conocíamos ha terminado, pero no es así: aún hay mucha gente que trabaja en condiciones infrahumanas para que nosotros podamos esclavizarnos con cachivaches y preocupaciones del primer mundo. Son personas como las que aparecen los libros de Historia, con la diferencia de que viven aquí y ahora y forman parte de nuestras vidas.

A este lado del mundo, en cambio, las esclavitudes ya no se parecen a las de antes. Si bien somos libres, la propia libertad que hemos conquistado nos ha encerrado en otro tipo de rediles de los que a veces no podemos salir.

Por hacerte una pregunta para comenzar: ¿dirías que tu móvil te ha dado libertad, o que te la ha quitado?

He aquí algunas de las tendencias más modernas que creo que nos han quitado libertad.

El teléfono móvil

Durante muchos años nos han vendido el teléfono móvil como si con él fuéramos libres a todas horas (de hecho uno de los primeros anuncios de telefonía móvil usaba la canción de Nino Bravo para ilustrar la felicidad de usar sus tarifas, ¿te acuerdas?).

La realidad es que con él estamos disponibles todo el tiempo. Esto, por sí mismo, no es una desventaja ni una merma de nuestra libertad, pero si se malentiende esta disponibilidad podemos llegar a ver que ya no somos tan libres como pensábamos.

Desde que dejamos de llamar y vino la tarifa de datos las cosas se han puesto mucho peor. No sólo es que no seamos libres sino que somos dependientes.

Dicen que miramos el móvil unas 150 veces al día. Me he analizado en la última semana y aunque me gustaría mucho decir lo contrario tengo que confesar que yo también lo miro por lo menos todas esas veces. ¿Y tú?

Cuando estoy en paz, con las personas que quiero y haciendo lo que me gusta es cuando menos miro el móvil o cuando menos me importa lo que hay en él. Debo tomar nota de estas observaciones…

[Tweet «¿Tu móvil te ha dado libertad, o te la ha quitado? @ire_recolectora»]

El correo electrónico 

A todos nos gusta recibir noticias que nos llenen de alegría, o un cupón de descuento, o la respuesta a esa pregunta que hemos hecho… Sí, recibir correos es estupendo, pero hay que asumir que hay momentos en los que no se recibe nada.

En el trabajo yo soy capaz de refrescar la bandeja de entrada cada 10 o 15 minutos, por si acaso, aún sabiendo que puede que no haya nada, o por si hay algo urgente que no pueda esperar. Pero ¿y si hiciera como dicen los manuales de productividad y sólo leyera el correo un par de veces durante la jornada? Seguro que ahorraba mucho tiempo y me quitaba de la cabeza algo que sin duda ocupa espacio y que no me deja trabajar a pleno rendimiento.

En la vida personal ocurre algo incluso peor: por obra y gracia de los smartphones llevamos a cuestas la bandeja de entrada. Aunque estés de viaje o de vacaciones ya no hay excusa para no contestar un e-mail, ya no hay posibilidad de estar incomunicado, se supone que tienes acceso a tu correo en cualquier lugar y no contestar es ser negligente, es no ocuparse del asunto del correo.

Si estás fuera de casa tampoco hay escapatoria: si tienes activadas las notificaciones de correos electrónicos te aparecerán en la pantalla como un mensaje más.

¿Realmente somos tan importantes y manejamos  asuntos tan cruciales como para que nuestra respuesta no pueda esperar a que acabe nuestra cena? ¿O a que acaben nuestras vacaciones? ¿O a que acabemos eso que estamos haciendo en ese momento en el trabajo?

Las redes sociales

Estos inventos modernos que tanto nos gustan (a mí la primera) nos esclavizan de dos formas. Primero, porque estamos pendientes de lo que publicamos, de lo que escribimos, de las fotos que subimos, de si serán bonitas, de si la gente entenderá lo que hemos dicho… etc. En mi caso concreto ya sabrás que mi cuenta de Instagram es lo que es, unas veces más abundante en contenido y otras veces menos, porque hay días para todo, pero a veces pienso que tendría que publicar más…

La otra forma en que nos esclavizan consiste en que estamos pendientes de lo que publican los demás, con la consiguiente pérdida de tiempo. No quiero decir que echar un vistazo a las redes sociales cada día sea algo malo: seguro que hay otras cosas mejores para emplear el tiempo pero esto se ha incrustado mucho en nuestras rutinas y creo que se puede hacer, siempre que lo hagamos con mesura. Lo que encuentro más problemático es vagabundear por las redes en busca de nada, ¿y quién no ha hecho eso alguna vez?

Refrescar las redes continuamente, buscar contenido en páginas de gente que no conocemos siquiera o estar pendiente de las publicaciones como si dependiéramos de ello nos hace esclavos. Sobre todo en las redes con mucho contenido, como Twitter, y en las que tienen contenido muy visual y atractivo, como Instagram.

¿Y qué puedes hacer tú ante todo esto?

Te invito a analizar tu vida y tu comportamiento para poder tomar las mejores decisiones para ti.

Tú, que quieres llevar una vida sostenible, puedes empezar por pensar esto: 

  • Que el teléfono móvil es un aparato estupendo siempre que no se adueñe de nosotros.
  • Que el correo electrónico es más que útil siempre que le hagamos nuestro aliado.
  • Que las redes sociales son una ventana al mundo si no dependemos de ellas ni nos comparamos con lo que veamos.

De otra forma sólo seremos una parte más del rebaño, que se deja llevar por lo que hagan los demás y que sigue sin ser dueña de su tiempo.

¿Estás dispuesto a ver si tú también dependes de alguno de estos inventos modernos?

¿Qué dispositivos ocupan tu tiempo más valioso?

¿Has detectado alguna otra tendencia que te quite libertad?

19 comentarios

  1. Tan esclava de estas cosas no me siento. En situación normal no suelo mirar mucho el móvil. Ahora mismo sí, porque mi marido está trabajando fuera y se convierte en nuestro principal medio de comunicación.
    El correo electrónico solo lo miro en casa. Mi móvil lo tengo configurado con otra cuenta que no uso. Probé a configurarlo con mi cuenta y me ponía nerviosa estar recibiendo constantemente los mensajes. Y como suelen ser cosas que pueden esperar, que no voy a salvar al mundo de nada, decidí crearme otra cuenta sólo para el móvil y se acabó el problema.
    Redes sociales… Con el fb llevó un tiempo pero no lo uso mucho. Así como esto de los blogs me gusta y puedo pasar mis dos horitas o incluso tres paseando por ellos y curioseando sobre libros, cine… El fb no termina de engancharme, tampoco el twitter, que me abrí una cuenta hace poco y no termino de cogerle el puntito. Ese mundo va muy rápido para mí. Y ya no tengo nada más. No soy de actualizar mucho mis páginas, salvo para anunciar algún sorteo.
    Besotes!!!

  2. Buenos días!

    Es cierto que han logrado convertir en pocos años algo que no existía en una necesidad más o menos imprescindible en algunos casos. La peor dependencia quizá sea esa, la derivada del trabajo. En el caso del móvil, si tu trabajo lo exige, estar pendiente o no de él puede suponer no atender a tiempo algún trabajo, o no llegar a conseguirlo.

    Con mesura se supone que todo en la vida es factible. Quizá lo complicado es ver dónde pones -o te imponen- la frontera entre el uso y el exceso.

    Un abrazo!

    1. ¡Tienes razón, LectorFiel! El trabajo es uno de los caballos de batalla más grandes cuando hablamos de uso del móvil. Por ejemplo, a veces te exigen contestar con un manos libres aunque vayas conduciendo (yo, por ejemplo, no creo que sean completamente seguros). Un abrazo 🙂

  3. Hola Irene!
    Yo también he de confesar que soy una adicta al móvil. Para más inri, tengo todas las redes y el e-mail en el aparatito, y me llegan todas las notificaciones. Constantemente me estoy proponiendo no mirarlo tanto e incluso ponerme horarios para consultar todo lo que recibo, pero acabo por darme por imposible. Lo que sí que he hecho es ponerme un horario de respuesta a los e-mails y a las notificaciones más importantes de redes sociales: lo hago a primera hora de la mañana, y no más. Si me llega algo inmediatamente después de haber acabado la tanda de respuestas, lo dejo para el día siguiente. Nada es lo suficientemente urgente como para distraerme de lo que realmente importa, que es mi trabajo y mi foco.
    Comparto. Un abrazo!
    Irene

    1. ¡Muchas gracias por pasarte por aquí y comentar, Irene!
      Ese paso que has dado para controlar el tiempo de respuestas de mail es estupendo, ¡menuda disciplina!
      Lo de las notificaciones en el móvil veo que está en camino. Eliminarlas a mí me ha hecho mucho bien porque eso de ver que la pantalla se enciende para cualquier cosa me ponía un poco nerviosa. Además muchas veces vienen por defecto según instalas la aplicación, así que hay que esforzarse por ir desactivando todas una a una…
      Me quedo con lo último que dices: que nada nos distraiga de nuestro foco (unas veces será nuestro trabajo, otras veces nuestra familia, o nuestra pareja, o la Naturaleza…).
      Un abrazo,

  4. Cierto… sólo seríamos 100% libres si viviéramos en el campo, con energías renovables, huerto, agua de lluvia… jeje Si vivimos en sociedad tenemos que reconocer que nos tienen como borregos, haciendo que compremos lo que nos ofrecen, y es muy difícil salir de esta cadena 🙁
    Pero si al menos somos conscientes de ello, podemos evitarlo en la medida de lo posible… Besos guapa!

    1. ¡Completamente de acuerdo contigo, Ester! Vivimos en sociedad, y la sociedad que nos ha tocado tiene un precio. Luego es cosa nuestra el ser conscientes de ello e intentar mejorar o quedarnos como estamos.
      Mil gracias por pasarte y comentar. Un abrazo 🙂

  5. Hola Irene!

    Grandes verdades tiene este artículo. Yo estoy en pleno reclamo de mi tiempo ahora mismo. Aunque me quité todas las notificaciones del móvil, no fue suficiente y decidí restringir a una hora al día mi exposición al social media aunque es posible que pueda reducirlo aún más. Los correos de momento los estoy trasladando a un día en concreto de la semana para contestarlos o leerlos con una herramienta llamada Boomerang. Sirve para mover correos que recibes quitandolos temporalmente de tu bandeja de entrada y volviendo el día y la hora que elijas, ademas de servirte para enviar emails con retardo la hora y día que tú quieras.

    También hice un filtro en gmail de correos que quiero leer con calma. Cada correo que me llega de esa fuente se salta la bandeja de entrada y va a parar a una carpeta que tengo en el lateral «Leer con calma». Así el día que necesito una desconexión o me apetece o lo que sea puedo leerlos sabiendo que no tengo que hacer nada más.

    Lo cierto es que hasta que no murió mi móvil querido y me regalaron un smartphone al móvil no le hacía mucho caso. Ahora que está lleno de actividades se hace más difícil de ignorar. Por eso paso de los juegos y solo tengo aplicaciones que sean útiles en mi día a día. Elimino sin piedad a los ladrones de tiempo. Las redes sociales tanto en el movil como en la web tienen la misma hora de tiempo al día (y la verdad es que ahora me parece mucho tiempo, y eso que administro un par de grupos en FB…)

    Sigue así, abriendo cabezas 🙂

    Un abrazo!

    1. ¡Gracias por pararte a comentar, Amelia!
      Me encantan todas las soluciones que has puesto en tu día a día para el tiempo que nos comen las redes, el correo y el móvil. ¡Me apunto todas! Y sobre todo la lectura de correos en horas y días determinados.
      Gracias por tu ejemplo y tus ideas, seguro que los lectores que se pasen a leerlas las encuentran muy útiles.
      Un abrazo 🙂

  6. Hola Irene,

    qué buen tema! Yo creo que no somos libres para nada, vivimos en un sistema de esclavitud disfrazada en el que se nos mantiene entretenidos mirando pantallas, apretando botones y consumiendo. Todo ello para rellenar ese inmenso vacio que nos causa una vida alejada de la naturaleza (nuestro hogar) y nuestra propia naturaleza humana, que en su origen, es libre.

    Como dice por arriba Ester, yo creo que solo seremos libres volviendo a vivir de forma autosuficiente en la naturaleza y utilizando la tecnología de forma consciente y a nuestro servicio, no al revés.

    Te mando un fuerte abrazo!

    Kiki

    1. Gracias por tu reflexión, Kiki. La aprecio mucho, que tú sabes de lo que hablas…
      El otro día precisamente hablaba con mis amigas de eso, de que si ahora mismo tuviéramos que vivir de forma autosuficiente no tendríamos ni idea de cómo hacerlo. Eso da para escribir mucho… creemos que somos libres y que nos ponemos el mundo por montera, pero dependemos de tantas cosas…
      En el artículo sólo hablaba de algunas de nuestras dependencias, pero hay muchas más.
      Otro abrazo para ti, y gracias por pasarte por aquí.

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