Diario de Verano. Capítulo 3 – El Regalo

Recolectora Diario de Verano, El Regalo de Eloy Moreno

Recolectora Diario de Verano, El Regalo de Eloy Moreno

Esta es una serie de entradas más personales y distendidas que estoy haciendo durante los meses de julio y agosto. Si no has leído los capítulos anteriores puedes ponerte al día aquí.

Que julio no ha sido mi mes para este blog creo que es algo que estás pudiendo apreciar tú mismo. Ha sido un mes de lo más movido porque he hecho tantas cosas que no sabría por donde empezar. Sí sé, en cambio, por donde terminó este mes: en la boda de una de mis mejores amigas, uno de esos días que se te quedan en la mente y en el corazón para siempre (y espero que así sea, porque soy la persona que hace menos fotos de la historia).

La cuestión es que julio me ha dejado algunos regalos: el de poder participar en la boda de esta preciosa persona y de su ahora marido; el de conocer a gente estupenda a raíz de ese matrimonio; el de saber que puedo gestionar una casa (casi) yo sola, y digo casi porque no voy a ser injusta, esta casa no está igual que cuando está mi familia, ni de lejos; y también me ha dejado un regalo del que he pensado que te gustaría que te hablara.

Se trata de la novela El Regalo, de Eloy Moreno, que he leído en el mes de julio a trancas y barrancas. Cuando llegaba a la cama, extenuada por el calor y las actividades del día, me costaba mucho poder concentrarme y leer algo, pero afortunadamente pude terminar el libro en el puente de Santiago y leí casi la mitad de un tirón. Así es como me gusta leer los libros…

El Regalo, además, fue un regalo para mi. 

Me lo regaló mi chico hace unos meses. Luego, en la Feria del Libro de Madrid, tuve la oportunidad de que me lo firmara el autor. Fui con mi amiga Irene, que también ha leído El bolígrafo de gel verde, ese libro del que te dije una vez que podía cambiarte la vida.

Qué amable es Eloy Moreno. Si no le conoces te recomiendo que te pases por su página de Facebook y que indagues un poco en su historia, porque merece la pena.

Pero bueno, a lo que iba: resulta que El Regalo fue un regalo para mi, y además de eso es regalo para cualquiera que lo lea. Si has leído ya El bolígrafo de gel verde sabrás de qué te hablo.

Es muy sencillo sentirse identificada con las historias que cuenta Eloy Moreno. Puede doler lo que voy a decirte pero creo que su secreto radica en que retrata a personajes que llevan la misma vida anodina que nosotros. Perdona, no voy a juzgar tu vida tan pronto… digamos, para ser mucho más precisos, que yo me siento identificada con ellos porque suelen llevar la misma vida anodina que yo. ¿Te pasa a ti lo mismo?

Suelen ser gente que se deja llevar por lo que hace la manada, pese a que lo que hace la manada no sólo no les hace felices sino que les llena la vida de insatisfacciones. Dejarse llevar por lo que hacen todos, por lo que es lo lógico, por lo que es lo normal, es algo que a la larga hace mucho daño. He podido comprobarlo en mis carnes. Y en ese dolor es en el que se encuentran los personajes de El Regalo.

Es la historia de un hombre al que, en uno de sus viajes de trabajo, le roban el carísimo coche que acababa de comprarse. A partir de ese momento todo su día empieza a desmoronarse, hasta que una a una van cayendo las piezas de una vida que creía completamente atada. Y la verdad, creo que ya te estoy diciendo mucho sobre la trama, porque el autor apenas ha escrito unas pocas palabras en la contraportada; imagino que quiere que todo, esto también, sea un regalo.

Empecé el libro llorando. 

Supongo que es normal, la vida es triste a ratos (a veces a demasiados ratos), y esta historia parte de otra historia muy cruda. No la del robo del coche, sino aquella de la que deriva el personaje protagonista.

Temí seguir llorando el resto del libro, pero encontré que no, que lo único que quería era seguir leyendo. Seguí y seguí, fue aquella mañana que me levanté tan pronto y pude leer casi media novela seguida. Y no lloré más, estaba muy sorprendida. Sí, no lloré más hasta que en una de las páginas finales me sentí tan identificada con lo que estaba pasando que no pude evitar las lágrimas.

Fue en ese momento en que me pusieron el dedo en la llaga.

¿Hasta cuando vas a aguantar?

¿Hasta cuándo vas a seguir estirando la cuerda?

¿Hasta cuándo vas a seguir deseando que te toque el Euromillones?

¿Cuándo vas a tomar las riendas de tu vida?

¿Cuándo vas a trabajar por tus sueños?

¿Cuándo dejarás de hacer lo correcto, lo que se espera de ti, lo que da de comer, lo lógico, lo normal, lo mejor para todos?

Todo eso me vino a la mente.

Por que la verdad es esta: en ese momento me dolió saber que, incluso si me tocara el Euromillones, sería de esas personas que hacen «lo más sensato» con el dinero del premio.

Mira, hay otra forma de vivir.

Nos han dicho que no, que estamos en el sistema y que el sistema funciona porque todos colaboramos. Porque todos compramos, porque seguimos girando la rueda, porque seguimos teniendo trabajos de ocho horas a cambio de los cuales nos darán un sueldo a final de mes; también porque seguimos gastando ese sueldo como nos han dicho que hagamos, en ropa barata (o carísima) en aparatos que no podemos utilizar porque llegamos tarde a casa, en un montón de cosas que no necesitamos, pero que creemos que sí… Nos han dicho todo eso, y creemos que es cierto, pero no.

Hay otra forma de vivir, sí. Es menos segura, al menos si entendemos seguridad como ese trabajo que tendremos para siempre y gracias al cual podremos cubrir nuestras necesidades hasta el final de nuestros días. Se trata de ser un poco más valiente, y me aplico el cuento, que conste, que no vengo a darte lecciones.

Hace años que mi mentor me dice lo mismo: que hay que buscar esa forma de ganarse la vida que haga que puedas vivir tal y como quieres. Eso no significa que tengas que ganar dinero suficiente para comprarte un cochazo, sino que tienes que tener los recursos suficientes para vivir la vida que quieres. Adelante si quieres ese cochazo, pero esto sirve igual si lo que quieres es recorrer el mundo en caravana. Pero, ante todo, que esa forma de ganarte la vida no sea un suplicio.

Y de verdad que se puede, sólo hace falta quitarse de encima todo aquello que nos han dicho que tenemos que hacer por narices. Porque la verdad es que todo ese lastre que arrastramos, todo eso que se supone que tenemos que hacer, nos arrastra hasta el fondo del mar como la mayor de las piedras.

Lo he aprendido este mismo fin de semana. Mi amiga recién casada no tiene todo lo que tienen los recién casados: no sabe dónde va a vivir ahora, ni siquiera en qué ciudad, porque ni su trabajo ni el de su ahora marido les permite hacer un mínimo plan. Obviamente se casa sin piso, y sin piso amueblado, y sin todas esas cosas que a veces nos echamos encima porque son «lo lógico», lo que hay que hacer.

Pero, ¿sabes qué?, se han casado porque era lo que querían. Y creo que se han hecho un gran regalo a ellos mismos. 

Sí, la vida puede ser diferente. Puede ser lo que queremos, puede ser lo que yo quiero que sea. Pero para eso tengo que ser valiente, y tengo que hacerme ese regalo a mí misma. El de tirarme a la piscina.

Dice el propio autor que los que leemos este tipo de novelas solemos pensar por un momento que nos haremos el regalo, pero que eso dura un instante. Que sólo cambia de vida el que realmente se ve obligado por una enfermedad, por una catástrofe, por una pérdida, por un accidente… Y creo que tiene razón, ¡hay que ver cómo somos!

¿Seré capaz de no darle la razón por mucho más tiempo?

Espero que puedas leer este libro en algún momento.

Si lo lees como debe ser se te pasará volando.

Y deseo de corazón que te guste y que pienses en qué regalo puedes hacerte. 

Si ya has leído el libro, ¿qué piensas de él? ¿Te ha removido algo por dentro?

4 comentarios

  1. No he leído el libro que comentas pero desde luego pienso hacerlo. Hay libros que efectivamente te hacen pensar y valorar todo lo que tienes. Este verano me ha ocurrido con el libro Los besos en el pan de Almudena Grandes.

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