¿De dónde han salido todos estos envases?

¿De dónde han salido todos estos envases?

¿De dónde han salido todos estos envases?

¿De dónde proceden los envases que acaban en nuestros cubos de basura? Y sobre todo, ¿de dónde salen tantos?

¿Qué podemos hacer para reducirlos al máximo?

Estas preguntas me surgieron a raíz de dos sucesos de estos días. Aquí te los cuento.

Hace unos meses escribí un artículo en el que hablaba sobre la diferencia entre comer y alimentarse. Me parecía importante tratar ese punto en aquel momento. Llevaba tiempo rondándome la cabeza escribir un artículo así, porque me parece imprescindible para nuestra salud y la de la Tierra distinguir entre lo que es alimento (todo lo que procede de ella, lo que podría ser nuestra medicina) y lo que es comida, que últimamente se ha transformado en una feria de productos de marketing, de luces, colores y sabores.

Realmente pienso que no es saludable ni sostenible crear esa enorme cantidad de comidas de diseño, pensadas sobre todo en términos publicitarios y monetarios. Puedes pasar a leer ese artículo si en ese momento te lo perdiste. Si no, seguimos.

Lo que te voy a contar hoy tiene que ver al cincuenta por ciento con esto de alimentarse; la otra mitad está relacionada con la basura y con los envases que tiramos y que, como verás, en una gran parte de los casos envuelven comidas.

El otro día se me ocurrió hacerme una ensalada y me di cuenta de que acaba de llenar todo el cubo de envases a base de latas y bolsas de plástico: la lata del atún, la del maíz, la bolsa de aceitunas, el film transparente que protegía el trozo de lechuga que me quedaba, etc. ¿De dónde había salido todo eso? Casi no me había dado ni cuenta pero acababa de hacerme una ensalada que provenía prácticamente al 100% de productos envasados.

No es que esos productos en particular tengan algo malo. Hay que envasarlos por motivos de higiene (y porque de otra forma necesitaría una mazorca de maíz al lado de casa para comerla fresca), pero me hizo que volviera mi pensamiento a esa diferencia entre comer y alimentarse…

Y en esas estaba cuando me di cuenta de que la mayoría de los envases que consumimos en mi casa salen de la cocina. Sí que es cierto que otros muchos objetos que compramos vienen envasados de tan diversas maneras, a veces tan innecesarias, que es casi imposible no abusar del plástico por más que uno se lo proponga. Pero creo que la cocina es el cúlmen de todo eso.

De hecho, hasta que no vi el cubo de la basura lleno de latas para una ensalada yo pensaba que, dentro de lo que cabe, hacía todo bastante bien. Pero la cuestión es que no, que no lo hacía bastante bien. 

Por otra parte, durante esta semana mi familia y yo hemos visto que los contenedores de vidrio estaban llenos, pero llenos hasta rebosar, y que daba la sensación de que no habían pasado a recogerlos desde hacía varios días.

Que los contenedores estén llenos es bueno, porque quiere decir que hay mucha gente concienciada en mi barrio y porque como el vidrio es 100% reciclable dará nueva vida a miles de botellas.

Pero por otra parte me he dado cuenta de la cantidad de envases que acaban en la basura, en general.

Me refiero a todos esos que no tienen posibilidad de ser reutilizados, esos que, en el mejor de los casos, les espera la segunda vida que les da el reciclaje. Como ejemplo de este tipo de envases se me ocurren:

  • Las latas, de refresco o de conserva, que no hay posibilidad de usarlas de nuevo
  • Las botellas de productos de limpieza o de aseo
  • Las botellas de vidrio, porque aunque te quedes una o dos para reutilizarlas, no puedes hacerlo con todas
  • Las bolsas de plástico que envuelven o envasan muchos alimentos: el pan de molde, algún bollo que compres, los aperitivos y frutos secos, etc.
  • Las bandejas de corcho blanco, porque aunque las evitemos muchas veces no es posible hacerlo del todo.

Sí, sí…

  • si intentamos comprar a granel siempre que podemos, y en mercados a ser posible, para que la verdura no venga envasada en absurdas bandejas de corcho;
  • si evitamos que nos den la bolsa en el 90% de los casos;
  • si reutilizamos todas las bolsas de plástico que tenemos para que sean bolsas de basura;
  • si todos los tarros de cristal que aparecen por casa tienen una segunda vida (y una tercera, y una cuarta) porque son unos recipientes estupendos para conservar y transportar…

Si todo eso es estupendo pero, ¿de dónde ha salido esa enorme cantidad de envases?

¿En alguna ocasión te has preguntado esto tú también?

Parece mentira que, intentando hacer todo lo mejor que puedo, el cubo de basura acabe así.

Yo me sigo haciendo esa pregunta, porque para poder reducirlos voy a tener que hacerme esta pregunta muchas veces; incluso creo que tendré que analizar en profundidad lo que compone mi cubo de basura para poder cortar por lo sano con aquello que no quiero.

Seguiré informando…

59 comentarios

  1. Me parecería extraño, pero leyéndote me da la impresión de que no conoces la filosofía de vida «zerowaste». Si es así creo que te gustaría informarte sobre el tema. Se trata de gente que busca de mantener sus residuos al mínimo, y algunas incluso consiguen meter toda su basura en un solo bote: Lauren Singer («trashisfortossers») o Bea Johnson («zerowastehome»). En España hay unos chicos que están tratando de vivir sin plástico y lo cuentan en su blog («vivirsinplastico»).

    1. ¡Hola MJ! Les conozco y me encanta lo que hacen 🙂 Sigo esa forma de vivir en la medida de lo posible y teniendo en cuenta que yo no tomo la mayoría de las decisiones en mi casa (todavía).
      Los chicos de Vivir Sin Plástico están haciendo maravillas y creo que están consiguiendo su objetivo, pese a que ellos aún encuentran algún trozo de plástico en sus vidas…
      ¡Gracias por dejar tu comentario!

  2. Realmente, es cuestión de proponérselo. En nuestro caso, compramos casi todo a granel. Siempre hay cosas que no puedes evitar porque no se vende así (por ejemplo la leche para el niño) pero sí que hemos reducido los envases que consumimos. Ahora solo tenemos que llevar envases a reciclar cada 3 semanas en lugar de cada semana. Otras cosas, las compramos en vidrio (salsas y conservas) y reutilizamos los frascos. Lo cierto es que no usar envases implica un montón de trabajo ya que hay que cocinar la mayoría de alimentos, pero todo sea por hacer nuestro modo de vida más sostenible 🙂

    1. ¡Hola Nieves! Has dado en el clavo: para reducir envases hay muchas cosas que hay que dejar de comprar, o comprar en las versiones más sostenibles que existan. Esto es un camino, al menos en mi caso, y voy hacia ello. Por eso sigue habiendo envases en mi cubo y sigo yendo a reciclar. Espero que se vayan reduciendo al máximo durante este año 🙂
      Por cierto, ¡es genial que vayáis al contenedor cada tres semanas! Tomo nota para marcarme el reto. Eso como mínimo…
      Un abrazo,

  3. A mi también me pasa a veces, en una sola comida lleno la bolsa de envases de plástico 🙁
    Intento comprar a granel, y elegir los productos que vienen en botes de cristal en lugar de los de lata o envase de plástico, así puedo reutilizar los botes.

    1. ¡Hola Ester! Elegir los productos en envases de cristal es una de las mejores opciones cuando tenemos que comprar comida envasada. Las latas, aunque se manden al contenedor amarillo, también me dan dolor de corazón.
      Un abrazo,

  4. Tienes razón Irene. Es increíble la cantidad de basura que producimos. En mi caso me asombra la cantidad de papel que hay que llevar al contenedor.Habrá que seguir esforzándose con pequeños gestos porque creo que todo cuenta.

    1. Mariví, es cierto que también es tremenda la cantidad de papel que mandamos a reciclar… eso si acaba en el contenedor azul.
      Gracias por tu comentario, un abrazo 🙂

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