4 lecciones que he aprendido sobre el deporte (que nunca nadie me enseñó en el colegio)

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Si me llegan a decir hace 10 años que llegaría un momento de mi vida en el que me apuntaría a una escuela del barrio para hacer deporte, de forma voluntaria y además pagando te prometo que no te hubiera creído. En cambio ahora lo veo de otra forma y he sido capaz de aprender algunas cosas sobre el deporte desde que salí del colegio, y sobre todo en el último año.

Si tienes problemas para hacer deporte, si tu vida es sedentaria pero quieres ponerte un poco en marcha, si no te gustan ciertos tipos de ejercicio o si aún no has encontrado tu deporte te recomiendo que te quedes a leer el artículo. Yo reunía todos esos rasgos hasta hace nada. Ahora no soy ninguna atleta, pero me he reconciliado con el deporte: he aprendido 4 lecciones que nunca nadie hasta ahora me había enseñado y que creo que cualquiera debería aprender.

Desde que tengo uso de razón me llevo un poco mal con el deporte. Siempre he sido una persona que ha preferido otro tipo de actividades en vez de las que implicaban correr o dar saltos. Supongo que es parte de mi carácter. De pequeña no me suponía ningún dolor quedarme leyendo mis libros pero no me gustaba jugar al pilla pilla, por ejemplo, porque sabía que era la que menos corría, y que me tocaría perder siempre.

Con el tiempo y tras un par de nefastos profesores de Educación Física me di cuenta de que lo del deporte no era para mí: mi vida iba por otros caminos. Lo mío era algo más intelectual. No se trataba de que yo no destacara en deporte, es que además de eso llegué a aborrecerlo.

Lo que pasa es que el deporte es magnífico para la salud, aunque parezca una de esas frases hechas que se escriben para intentar venderte algo. Todo eso que me repitieron siempre de que «tenía que hacer deporte» me entraba por una oreja y me salía por la otra hasta que hace un año decidí desafiar mis propios límites.

Desde septiembre del año pasado practico yoga y Pilates y no puedo estar más contenta. El resultado ha sido estupendo: he visto cómo el deporte me ayudaba a calmarme y cómo, además, he ido ganando un poco de fuerza, de flexibilidad, de conciencia de mi cuerpo. Ahora  llevo una vida más sana y saludable que antes, sin duda.

Estas son las cuatro lecciones que he aprendido, y que quizá te animen a empezar a practicar algún deporte si estás en la misma situación que yo.

Lección 1. Lo mejor es encontrar lo que te gusta

Lo mío ahora mismo es el yoga y el Pilates: creo que son deportes perfectos para una persona con mi carácter y que además arrastra una historia un poco fea con la Educación Física. Probablemente pudiera hacer otro tipo de deportes que me hicieran perder más calorías o que fueran de mayor impacto, pero en ese momento a mí dejaría de apetecerme ir a las clases, inventaría cualquier excusa y al final no haría nada de nada. Y lo digo por experiencia: siempre que me he apuntado a algo obligada, porque era bueno para mí o porque con esa actividad iba a adelgazar he acabado abandonando, porque ese tipo de deportes no está hecho para mí.

Así que he aprendido que lo mejor es:

  • encontrar una disciplina que te haga feliz, sea cual sea, para no correr el riesgo de abandonar antes de tiempo.
  • tener un buen motivo para hacer deporte, uno que sea válido para ti y que vaya un poco más allá de «adelgazar». Esa meta no suele llegar muy lejos.

Lección 2. No tiene que doler

Desde siempre, cada vez que hacía algo de deporte sentía muchísimo dolor durante y después de hacerlo. Es porque yo no tengo resistencia física y enseguida me canso, y como nadie me ha enseñado nunca a ir poco a poco jamás desarrollé ningún tipo de elasticidad ni de fuerza en mis músculos.

En mis clases, por ejemplo, no había aprendizaje ninguno a lo largo del trimestre, y al final de la evaluación todo era cuestión de «si lo haces apruebas, si no suspendes»,  y en ese caso había que hacerlo, doliera lo que doliera.

En cambio ahora sé que sólo he de llegar hasta donde pueda. Afortunadamente ya no tengo que alcanzar los 5 puntos que me salvarán del suspenso, así que me dedico a trabajar parando cuando me duele algo, fortaleciendo ese lugar hasta que pueda llegar al siguiente paso.

Esta ha sido la lección más importante que he aprendido:

  • Recuerda: la práctica no tiene que doler, tienes que hacer hasta donde puedas.
  • Yendo poco a poco cada día irás más lejos, pero no se puede hacer todo de golpe.
  • Si ese deporte te causa sufrimiento, yo te diría que buscaras otro.

Lección 3. Yo voy a mi ritmo

Lo que más me gusta del deporte que practico ahora es que si no puedo, no puedo, y no hay nadie que me presione para hacerlo que no sea yo misma.

Me encantan las dos disciplinas que he elegido para ponerme en marcha porque tienen componente espiritual que favorece este concepto: tú a tu ritmo. Para alguien como yo, que no puede seguir a un atleta ni a quien lleva 10 años haciendo spinning, saber que tengo que hacer una serie de ejercicios, pero que los haré lo mejor que pueda es un gran alivio.

No obstante creo que esta lección vale para cualquier deporte:

  • Tú mismo eres tu meta, nadie más.
  • Cada uno tenemos un ritmo de aprendizaje: un cuerpo que a lo mejor no ha rendido al 100% durante años no puede pretender hacer lo mismo que uno que entrena a diario desde siempre. ¡Tenlo en cuenta!
  • Obligarte a llevar un ritmo que no puedes seguir es contraproducente, desde mi punto de vista. Acabarás desmotivado porque pensarás que no eres capaz de seguir la clase (y en realidad sí eres capaz, solamente lo haces a tu ritmo).

Lección 4. El espejo no me ayuda

Siempre he pensado que los deportes que se practican delante de un espejo hacen más mal que bien: yo, personalmente, tiendo a ver mis defectos más que todo lo que hago bien porque en la sala siempre hay alguien que lo hace mejor. Yo misma, en mi mente, lo hago mejor.

Una vez estuve apuntada a unas clases de fitness colectivo porque las máquinas del gimnasio me aburrían muchísimo, y acabé muy desanimada porque no era capaz de seguir el ritmo de la clase ni de hacer todos los pasos tan perfectos como el resto de compañeros.

Afortunadamente ahora no hago deporte para verme mejor, lo hago para estar mejor. En las clases sólo me miro a mí, mi postura, y miro cómo lo hace mi profesora. Pero el espejo me sobra, porque no tengo que compararme con nadie. Y es un alivio saber que ahora tampoco nadie me mira a mi.

Con esta lección he aprendido que:

  • El espejo en el que tengo que mirarme soy yo misma.
  • Para concentrarme plenamente en mi postura no debo distraerme en mirar a nadie más.
  • Aunque no hagas un deporte como yoga o Pilates esto también te aplica: no tienes que estar perfecto, ni ser perfecto, ni hacerlo perfecto. Hazlo, ya es más de lo que estabas haciendo antes, y te aseguro que quita mucha presión.

Por supuesto,  esto de hacer deporte es algo que a mí me sigue costando mucho. No quiero que pienses que con estas lecciones de repente he pasado a correr maratones y hacer deporte cada día. Lo hago más a gusto que hace años, pero no es algo natural en mí. Aún hay días en los que no me apetece mucho ir a la clase. Es a una hora en la que preferiría estar en casa descansando, porque madrugo mucho y a veces no soy persona de lo cansada que estoy, pero voy con alegría para moverme un poco.

Tampoco puedo olvidar que el hecho de ir en compañía me ayuda a seguir adelante. Sin ese empujoncito de cada día puede que en algún momento hubiera flaqueado.

Pero lo importante es que ahora sé que yo también puedo hacer deporte, aunque no sea una atleta. Sé que poco a poco puedo ir entrando en este mundo y que esto hará que mi salud sea un poco mejor de lo que era antes, cuando no practicaba ningún tipo de actividad física.

Nota importante: estas son sólo mis opiniones personales sobre el deporte y las lecciones que yo he aprendido en este último año. Yo no soy entrenadora personal ni tengo más conocimientos en la materia que los que aprendo cada día en las clases.

Cuéntame:

¿Cuál es tu relación con el deporte?

¿Qué tipo de deporte practicas?

¿Hacer deporte te ha supuesto un desafío?

Y además, si conoces a alguna persona a quien pueda ayudar este artículo, compártelo con ella.

22 comentarios

  1. ayyy como si lo hubiera escrito yo. Yo también era de esas niñas que odiaba correr y los deportes colectivos porque le tocaba siempre perder, y le cogi manía a la educación física ( excepto en la flexibilidad que era muy wena, y ahí podía destacar algo)
    ahora me gusta mas la zumba y el yoga y el pilates. ahora no los practico porque voy apuradilla de dinero, pero en cierta manera lo echo de menos, y eso es algo novedoso pa mi

    saludos

    1. ¡Hola Rosa! Es curioso eso de echar de menos algo que nunca creíste que echarías de menos… Me alegro por ti: cuando puedas volver a las clases lo harás con alegría, y eso es lo que tiene que pasar.
      Un abrazo, y gracias por comentar.

  2. Ire, me gusta mucho este artículo que has escrito. No sólo porque el tema me parece muy interesante, sino también por el enfoque que le das a este.

    El deporte es algo que ya se sabe que es bueno en sí; y de hecho según parece, científicamente está demostrado, porque liberas endorfinas cuando lo practicas, y eso te genera sensaciones positivas. Pero es que además…mi experiencia me dice que sorprendente y paradójicamente el deporte te aporta energía. Hay algunas veces en qe te sientes súper derrotada y resulta que tras ir un rato al gimnasio es como si te enchufaran energía. Me gusta eso que planteas de hacer deporte para sentirse bien.

    Mi relación seria y dradera con el deporte comenzó hace unos 8 años,con sus más y sus menos.
    Mi preferencia está en el spining y la cinta de correr, pero sobretodo el primero. Pero me encanta eso que planteas de que la meta seas tú mismo. En el gimnasio donde yo voy, la mayoría de gente hace zumba; y mira, es cierto que a nivel de fondo requiere menos, pero…pienso que para hacerlo también hacen falta un sentido del ritmo y una falta de vergüenza de las cuales carezco jeje!Y además que sí, que incluso dentro de tu mismo deporte, aunque tú corras 20 km diarios(no es mi caso, claro), siempre habrá gente que corra maratones y haga 50.

    Además, siempre he pensado que el monitor cuando se está en un gimnasio o centro, influye.No es lo mismo un monitor o monitora que tiene un cuerpo escultural sin un ápice de grasa y nada natural, que se dedica antes y durante la clase un ratito a mirarse los músculos…que un monitor/a con un cuerpo tonificado pero natural que se centra en dar la clase y motivar y que acaba la clase con un «buen fin de semana» o «que cenéis bien»(si es tarde).

    Lo de la gimnasia del colelgio…daría para escribir páginas y paginas…seguramente no esté bien planteada.genera sufrimiento en muchos niños y muuuchas muuuchas comparaciones.

    Un abrazo recolectora!!

    PD: No sé por qué, cuando escribo un comentario a un artículo tuyo, no me llegan al mail las respuestas…¿hay manera de que así sea?

    1. ¡Hola Carmenchu! Gracias por aportar tanto contenido a mi blog.
      Me alegro mucho de que ye guste la perspectiva de este artículo: lo he escrito porque ahora es lo que siento de verdad, es lo que me pasa y es la forma en que me muevo. Quién me lo iba a decir, ¿verdad?
      Un monitor hace mucho, estoy de acuerdo contigo, y para las personas que somos un poco reacias a movernos, o que nunca se nos ha dado bien, es fundamental para que nos cambie el chip (porque al final todo está en nosotros, en nuestra mente).
      Sobre el tema de los mails, lo investigo. Me gustaría habilitarlo para que fuera posible.
      Un abrazo muy grande, y gracias de nuevo 🙂

  3. Me has dado el empujón que me faltaba! Con esto de los niños y en especial de la peque y sus tomas estaba dejando el momento de apuntarme, pero digo yo que teniendo un centro al lado que dan justo lo que a mi me gusta, lo mío se llama pereza!!
    A mi me gusta todo el deporte que venga acompañado de música movida, pero que no duela!! Hay un monólogo muy bueno de Goyo Jimenez que afirma que a TODAS las chicas nos gusta bailar! Y si son coreografías, mucho más! Ahí me encuentro yo! Entre esas bobas! Así que vamos a probar con el zumba. Que creo que va a ser muy bueno para poner a prueba mi resistencia (he perdido muy mucho con éste embarazo)

    Un beso! Nos vemos pronto!

    1. ¡Hola Débora! Me alegro mucho de que te hayas apuntado a clases se zumba. ¡Sí señor! Tener el centro al lado es fundamental para no fallar a la hora de ir… así que teniendo ganas + cercanía creo que te va a salir bien.
      Un abrazo enorme, nos vemos pronto 🙂

  4. MI relación con la gimnasia nunca fue buena en el colegio. Siempre era de las últimas en las carreras y torpona en los ejercicios. Así que odiaba estas clases. Prefería antes un examen de mates que uno de gimnasia…
    Pero fuera del colegio descubrí el placer de correr. Y ya adolescente mi media hora de carrera en la playa no me lo quitaba nadie. Ahora por problemas de espalda y osteoporosis, he tenido que dejar lo de correr y me limito a caminar a paso ligero, como mínimo una hora al día. Y el día que no lo hago noto que me pongo hasta de mal humor. Es que me falta algo.
    Con el pilates me gustaría animarme, que todos me dicen que es muy bueno, pero no consigo acostumbrarme a hacer gimnasia en recintos cerrados.
    Besotse!!!

    1. ¡Hola Margari! Caminar por la playa es un ejercicio excelente, a mi modo de ver (aunque ya sabes que no soy entrenadora ni nada de eso), no sólo por el ejercicio en sí sino por el aire que se respira, por la paz del mar… etc.
      Sobre el Pilates, a mí me va muy bien, pero entiendo que no es lo que buscan todas las personas. Hay quienes prefieren deportes de equipo u otras disciplinas.
      Un abrazo grande,

  5. Irene me ha encantado el post, creo que has resumido perfectamente dos de las premisas básicas para realizar cualquier tipo de actividad física. Que no duela e ir al ritmo que cada uno sienta son dos observaciones que dejo muy claras siempre en la primera clase de Pilates porque hay personas que se frustran si no ven resultados rápidamente. Yo antes era una de ellas, así que sé de lo que hablo jejej. Es verdad que con esfuerzo y constancia se consigue mucho más. Hay que superarse a una misma progresivamente, darnos tiempo y confiar.
    Enhorabuena por haberte pasado al lado wellness de la vida también con el ejercicio físico, es una muuuuuuuy buena decisión y ya lo sabes 😉 Un abrazo!!

  6. Que bueno! Yo también soy de las que decía que jamás pagaría un gimnasio pero este curso me he apuntado a yoga. Ya lo hacía en casa y este verano también empecé con unos videos que recomendaste aquí pero la constancia, cuando lo practicas en casa, es algo muy complicado, por eso me apunté a clases de yoga. De momento bien, aprendo cosas nuevas y se avanza más que en casa.

    También salgo a correr más frecuentemente que hace unos años, desde luego, son cambios que nunca habría apostado por ellos hace 10 años, pero estoy muy contenta con mis pequeños logros!

    Saludos!

    1. ¡Qué bien Isa! Poco a poco, con los cambios que cada uno quiere y sin forzar nada… 😀
      Me alegro de que practiques yoga también. Yo estoy encantada con él…
      Un abrazo y gracias por comentar.

  7. Estaba leyendo tu post y parecía que me estabas describiendo a mi. Como en tu caso yo podría decir que me llevo mal con el deporte desde pequeñita (odiaba las clases de gimnasia en el cole). Hace dos meses he dado el paso y me he apuntado a pilates. He buscado un local cerca de casa y así no encontrar disculpas para no ir. Como en tu caso, hay días en que no me apetece nada ir pero reconozco que me sienta genial y salgo tan relajada….. Lo bueno de no haber practicado antes ejercicio es que rápidamente notas cambios. Yo tampoco pretendo ser una atleta, solo mejorar día a día.
    Ya me estoy planteando en verano empezar con el yoga.

    Un abrazo!

    1. ¡Hola Elena! Gracias por compartir aquí tu experiencia. Me alegro de que en el Pilates hayas encontrado ese deporte que buscabas. Si el local está cerca de tu casa el éxito es mucho más probable. Te animo a probar el yoga, que por probar no pasa nada, porque a lo mejor te ayuda a complementar el Pilates.
      Un abrazo,

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