Mi (im)perfecta vida sostenible (III): mi Julio Sin Plástico 2019

Hace más de 3 años que no publico un artículo de estos que me gustaban tanto. Reconocer todo lo bueno y lo malo de mi (im)perfecta vida sostenible me hacía sentirme muy humana, y ponerlo por escrito me hacía ver que estoy en el camino, que evoluciono, y también que todo se puede mejorar.

Este año quiero dedicar el artículo de mi (im)perfecta vida sostenible a #JulioSinPlástico2019, que me ha traído de cabeza y que no ha sido mi mejor edición de la historia del evento.

Además de contarte mis penas te contaré lo que he aprendido, que no es poco.

El movimiento «Julio Sin Plástico»

El mes de Julio Sin Plástico es una propuesta que nació hace ya unos años para que, durante ese mes, nos concienciáramos de la importancia de no consumir envases de usar y tirar.

La verdad es que yo no me registro en la plataforma para participar en la iniciativa. Es decir: no participo «oficialmente» en el movimiento. Lo hago y ya está.

Me parece una gran iniciativa para todas aquellas personas que aún no han hecho grandes cambios en su vida y a las que no comprar el café para llevar en taza de papel le supone un problema. Me parece maravilloso que este tema llegue a mucha gente a través de este mes monotemático, porque hace mucha falta.

Pero yo no estoy en ese punto, hay muchos comportamientos que yo no realizo nunca, por eso no hacerlos en Julio Sin Plástico carece de sentido para mí.

Dicho esto, confieso que este mes sin plástico no ha sido como yo esperaba.

Yo esperaba ir más allá de mis límites, porque como te decía arriba, yo me encuentro a mí misma por encima de lo que se considera básico en este aspecto.

Pero la realidad me ha callado la boca de una manera asombrosa. Te cuento.

Comienzo de #JulioSinPlástico2019

Todo empieza, como cada año, un 30 de junio en el que yo ya intuyo que las cosas se precipitan.

El verano siempre es complicado para mí. La gente que en invierno permanece agazapada en sus casa ahora quiere salir como si no hubiera mañana. Hay planes por doquier, cañas aquí, quedadas allá, fiestas y fines de semana en los que no pararé en casa.

Para mí esto es difícil a nivel energético porque yo soy de las que se quedaría agazapada en su casa los 12 meses del año, y especialmente en verano. Esto último por motivos físicos, porque el calor me deja muy mal y no puedo soportarlo.

Yo sabía que julio sería intenso, pero aún así tenía esperanza. Lo tenía todo casi controlado, y no preveía traer a casa más envases innecesarios que los de cualquier otro mes (yo confieso que en mi casa no todo es perfecto).

Pero como te decía arriba, la vida de los meses de verano no es vida, es otra cosa, es como una especie de frenesí que no cesa (al menos así lo percibo yo), y una cosa se me iba encadenando con la otra:

  • Una fiesta con amigas;
  • Una escapada reservada el jueves por la noche y a la tercera, porque nadie nos hacía sitio en su posada con tan poca antelación;
  • Un asunto familiar inesperado;
  • Un mes de madrugar y llegar tarde a casa como no recuerdo desde hace mucho;
  • Una nevera que, entre idas y venidas, acabó vacía como tampoco recordaba…

En fin, en mi caso la falta de tiempo, el cansancio y el no estar en casa me han hecho mucho, mucho daño. Y al planeta también, por la parte de la que yo soy responsable.

Y es que todo este caos de mi mes de julio ha derivado en recurrir, en muchos más casos de los que me gustaría, a supermercados en los que no suelo comprar los productos frescos, o a comida envasada que en el resto de meses de año sólo consumo de forma esporádica.

Ya ves, yo pensaba que esos consejos no me hacían falta y he caído en lo más básico. Como vengo diciendo desde que empecé este blog: ninguno somos perfectos.

Pero he aprendido mucho estas semanas

No todo ha sido un desastre, por supuesto. Hay muchos hábitos que tengo muy inculcados y que no he perdido, así que también he hecho algunas cosas bien de las que, por supuesto, estoy orgullosa.

Pero como de lo que más se aprende es de los errores, he aquí todo lo que he aprendido en estas semanas de reto.

#1 – He comprobado que la previsión es clave…

Esto aplica a Julio Sin Plástico y a todos los meses del año. Prever es siempre la mejor opción, yo he escrito sobre eso en muchas ocasiones, y lo he aplicado en mi vida día tras día, con la botella a cuestas, con la tartera pequeña llena de frutos secos, con mi servilleta en la bolsa de la comida…

Pero cuando el tiempo aprieta, y esas ocasiones se están volviendo mucho más frecuentes de lo que me gustaría, prever es la clave, absolutamente.

Prever lo que hay que descongelar, lo que hay que cocinar para ese día en el que no habrá tiempo para la tartera, lo que hay que comprar para que no nos falte fruta, por ejemplo.

#2 – …Y que hacer tiempo para eso ahorra mucho plástico y mucho envase al planeta

Yo lo he puesto en mi lista de prioridades, y si ves que escribo menos en este blog desde hace un tiempo es porque frecuentemente tengo que elegir entre ponerme al teclado y cocinar para el día siguiente, o ir a hacer la compra, por ponerte un par de ejemplos.

Es importante sacar tiempo para esto. Cuando tienes tiempo tomas decisiones más sabias para ti y para la tierra. Cuando vas a comprar con tiempo te detienes a ver qué te interesa más, lo que tiene mejor precio (que suele ser de temporada) y no coges la primera barqueta que encuentras sólo porque ya viene preparada y no hay que esperar cola.

Sé que es complicado, y sé que hay vidas mucho más complicadas que la mía, aunque estemos hablando de mi vida en este mes de julio, y por eso procuro hablar con respeto. Quizá ese es tu caso. Pero es un hecho que si sacas tiempo para poder estar prevenida (punto #1) dejas de tirar muchos envases.

#3 – Debo primar siempre los mercados, frente a la gran mayoría de supermercados

En este mes he frecuentado más supermercados que en los últimos 12 meses juntos. Es posible que no exagere. A algunos hacía mucho que no entraba.

En concreto he entrado en uno en el que no pude comprar la cantidad concreta de alimentos que necesitaba, porque no tienen despacho de frescos, está todo envasado. Entonces la opción es comprar más o menos de lo que necesitas, y siempre con su bandejita.

Pues mira, no. Durante todo el año he llevado a cabo una práctica que me ha gustado mucho. He esperado hasta tener tiempo (y el congelador vacío) para ir al mercado a comprar productos frescos. En este mes he dejado de hacerlo por falta de horas, porque si pasaba por un lugar aprovechaba para comprar algo para la cena, etc.

Sé que un mes no puede tomarse por la norma de lo que me pasa, pero corroboro claramente lo que ya sabía: en los mercados me sirven sin plástico, y me llevo lo que necesito, ni más ni menos.

Así que si soy previsora (#1) y saco tiempo priorizando mis tareas (#2) podré comprar en los mercados en lugar de tener que recurrir a las grandes superficies.

#4 – Tengo que aprender más sobre fiestas sin residuos

Esto es importante en verano y en España, pero vale para cualquier época del año y para cualquier lugar del mundo. Yo he comprobado que las fiestas en casa producen una gran cantidad de residuos que habitualmente no suelen llegar a mis cubos de basura: latas y botellas de refrescos, bolsas de aperitivos, caprichos y dulces que habitualmente no compro, etc.

Y sé que hay cientos de alternativas y que podría hacer las cosas de otra manera cuando haya fiesta en casa, por lo que me reto a mí misma a ponerme las pilas con este asunto.


Este ha sido mi mes de julio y estas han sido las enseñanzas que he sacado.

Yo te cuento la verdad a la espera de que vengan tiempos mejores, con la esperanza de que esto se calme y que pueda volver a comprar como me gusta, porque en mis alimentos es donde están la mayoría de mis residuos.

Y también te lo cuento con la certeza de que cada mes del año es el mes sin plástico.

Esta maravillosa iniciativa concentra en un mes simbólico una acción que debemos llevar a cabo día a día, 365 días al año. El objetivo es que tu vida y la mía sean como la de Julio Sin Plástico de aquí hasta el próximo 30 de junio.

Y yo sé que durante lo que va de año he hecho las cosas mucho mejor que este mes, por eso sé que puedo hacerlo fenomenal en los meses próximos. 

Antes de despedirnos me gustaría saber cómo te ha ido a ti en este Julio Sin Plástico.

¿Hay algo que hayas aprendido en este mes de desafío?

¿Hay algún aspecto que te haya supuesto un reto?

Quizá te interese leer las entradas antiguas sobre mi (im)perfecta vida sostenible. Son de hace años, pero nunca se sabe si pueden serte de utilidad… ¡espero que sí!