El esfuerzo de la vida sostenible: 2 pensamientos para nadar a contracorriente

Imagen: A walking monk
Imagen: A walking monk

Una de las ventajas que más disfruto de tener un blog como este son los comentarios. Quizá te parezca un tópico lo que estoy diciendo, pero en mi caso aprendo mucho con cada una de las ideas que amablemente dejas en este lugar, porque enriquecen mi forma de pensar y esta plataforma. Por eso hoy voy a hacer un artículo a partir de uno de ellos.

Todo sucedió mientras estaba enviando mi entrevista a Matilda, de Mooi Magazine, porque como sabes formo parte de La Sueñopedia. Una de las respuestas que daba incluía la idea de que hay muchos gestos sencillos que cada uno de nosotros puede hacer, sin esfuerzo, para llevar una vida más sostenible. Entonces mi chico me dijo:

A veces sí supone un esfuerzo nadar a contracorriente: a la vida sostenible se le ponen trabas (compra algo nuevo en lugar de arreglar…, etc.) y no siempre entienden a tu alrededor por qué no cambias de móvil o tienes un coche de cierta edad sólo porque «aún funciona».

Entonces me di cuenta de que tenía algo de razón. Muchas veces podemos hacer gestos pequeños que ayudan al Planeta, pero otros de ellos sí requieren un esfuerzo por nuestra parte, porque se trata de hacer lo contrario de lo que hace la masa, y eso puede no ser sencillo.

Si quieres hacer lo mismo que «la masa» y no ser demasiado diferente, ser como los demás, ser aceptado, que no te miren raro, ni mal, ni por encima del hombro… a lo mejor el camino de la sostenibilidad, de la solidaridad, del amor a la Naturaleza y a las Personas no es el mejor para lo que buscas. En concreto, llevando a cabo ciertos gestos por la salud del Planeta a lo mejor no llegas a conseguir tu objetivo.

Muchas de las cosas que se proponen en mi blog, y en los demás blogs de la misma temática, van en contra de las ideas consumistas que imperan ahora mismo en la sociedad: intentamos no derrochar, no consumir en exceso, ser razonables en nuestras compras, moderar nuestros residuos, dejar de comprar ciertos envases, etc. Todas ellas son cosas que hacen que vayamos a contracorriente. Es decir, poniéndolas en práctica quizá no seas muy popular.

Pero si tienes claro lo que quieres, si eres verde de corazón, el esfuerzo o la falta de aceptación de algunas personas no pueden frenarte. Que algo cueste un esfuerzo no quiere decir que tengas que dejar de hacerlo, sino que tendrás que ser más fuerte y tener claro lo que quieres para no desistir en tu empeño.

Hay dos actitudes que pueden ayudarte en tu vida sostenible cuando actuar como quieres significa nadar a contracorriente. ¡Aquí van!

Ten claros tus objetivos

Cuando sabes qué es lo que quieres no hay quien te pare, y lo mejor es que sabrás cómo actuar sin ningún tipo de duda.

Si este año te has planteado consumir menos bolsas de plástico y tienes tu objetivo en mente y bien presente no te costará mucho decir en la tienda que no quieres bolsa, ni en la carnicería que no te pongan esas bandejas transparentes.

Todo es cuestión de saber lo que quieres.

Vergüenza, la justa

Hay muchas situaciones que deben avergonzar a quien las protagoniza: por ejemplo robar dinero de las arcas públicas, no ayudar a alguien que se cae en la calle o insultar de forma racista a otro ser humano.

En cambio, esta lista que ahora enumero está llena de cosas que no deben darte nada de vergüenza:

Tú a lo tuyo, porque eso no hace daño a nadie, más bien al contrario. Y si alguien te dice que es vergonzoso, que le den tila.

[Tweet «Nada de lo que hago para llevar una vida sostenible debe darme vergüenza – @ire_recolectora»]

 

¡Cuéntame!

¿Cómo llevas el esfuerzo que supone, a veces, llevar una vida más sostenible?

¿Te has visto en alguna situación difícil mientras intentabas hacer algo que creías correcto?

Y recuerda… si crees que este artículo puede ayudar a alguien a dar el paso, ¡compártelo!

18 comentarios

  1. Ante todo, gracias por este post tan, tan bonito. En mi caso, y supongo que como a todo el mundo forma parte de un proceso. Te puede dar vergüenza hacer ciertas cosas cuando no tienes el convencimiento total y absoluto de lo que haces, pero en cuanto la sangre deja de ser roja y se tiñe de verde , toda vergüenza se transforma en satisfacción de saber que estás haciendo todo lo posible por dejar un mundo mejor a las generaciones futuras.

    1. Muchas gracias por tu comentario, María. Me alegra que te haya gustado la entrada. La «sangre verde» es la clave, como bien dices…
      Un abrazo,

  2. Sencillamente me encanta este post! No solo porque tienes más razón que una santa, además es que me siento identificada al máximo con lo que escribes en el.

    Fuera las vergüenzas de este tipo! No tienen ningún sentido, es más debe ser motivo de orgullo estar comprometida con valores tan nobles.

    Un saludo!

    1. ¡Mil gracias, Isabel! Todo un honor ser una «sinvergüenza» si en el equipo encuentro gente como tú.
      Un abrazo, y a seguir nadando.

  3. ¡Totalmente de acuerdo! Creo que son esos los dos puntos claves para empezar, el de tener todo claro (cuando uno sabe por qué hace las cosas, todo se hace más fácil) y el de no tener vergüenza de cosas de las que, al revés, hay que sentirse orgulloso.

    Yo a veces siento que soy la cliente más mañosa que puede tener un restaurante o un almacén: pregunto las opciones vegetarianas (si no las veo), pido que las «veganicen» (si no lo ofrecen), pido que me lleven todo sin servilletas desechables, las bebidas sin pajilla, pido que no me den copia del voucher al pagar con tarjeta, que no empaquen las cosas en bolsas… jajaja, creo que al final quedan medio confundidos y pensando que soy una pesada, aunque siempre digo todo con el mejor tono posible, de manera respetuosa y amigable… siempre hay gente que piensa que lo haces sólo por maña y ganas de molestar. Pero ni modo, prefiero pasar por pesada y mantener mis principios 😛

    Y poco a poco eso también genera cambio… en la cafetería de una de las universidades en las que trabajo ya se acostumbraron a que siempre llego con mi taza para comprar el café y evitar que me den una desechable… y lo han empezado a ver como algo encantador, y más de una persona que me ha visto comprando me ha dicho que nunca se lo había planteado, pero que tal vez empiece a hacer lo mismo. ¡Hacer esas cosas con orgullo lleva a otras personas a que se lo planteen también!

    Gracias por compartir estos puntos de vista tan claros y tan importantes Irene 🙂

    1. Hola Mariana, muchas gracias por pasarte por aquí.
      Me parece muy interesante el punto de vista que añades: tener todo claro + no tener vergüenza puede llevar a que alguien vea tu ejemplo y se lance también. ¡Me ha encantado tu comentario, y además me ha inspirado tu experiencia!
      Un abrazo,

  4. Hola Irene!!
    Es la primera vez que comento pero te leo desde hace un tiempo y me encanta tu espacio 🙂
    Una buena reflexión la tuya, y sí, sí es difícil tener ciertas posturas y sobre todo compartirlas. A mí vergüenza no me da, pero sí tengo la sensación a veces de estar fuera de lugar, de estar llevando siempre la contraria, de sentirme una aguafiestas que cuestiona todo lo que «está guay». No suelo callarme porque creo que es importante no esconderse, pero a veces da pereza…
    Un abrazo, te leo!!

    1. ¡Hola Lucía! Bienvenida a este espacio de comentarios.
      Muchas gracias por dejarme tu experiencia aquí. Es cierto que a veces da pereza decir lo que pensamos, y lo del «aguafiestas» es muy cierto. Yo estoy haciendo muchos esfuerzos para comportarme como creo que debo hacerlo. Poco a poco, paso a paso, y así moveremos montañas.
      Un abrazo,

  5. Para estas cosas la vergüenza hay que dejarla a un lado. Y aunque nos tachen de rarit@s, seguir siempre fieles a tus ideales, a tu forma de pensar. Aunque en algunas situaciones cuesta un poquito, hay que reconocerlo. Pero hay siempre que intentarlo.
    Besotes!!!

    1. Muchas gracias de nuevo por pasarte por aquí, Margari, y dejar tu comentario. Ser fiel a lo que uno piensa y ser fiel a uno mismo es la clave de todo…
      ¡Un abrazo, y mucho ánimo con tus apuntes!

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